El holandés Jaap de Hoop Scheffer puso fin a cinco años y medio al mando de
la OTAN con la operación en Afganistán en plena efervescencia, un reto que
hereda como principal problema su sucesor, el danés Anders Fogh
Rasmussen. Afganistán, conocida como "la tumba de imperios" por su papel en
la caída del británico y el soviético, ya era el objetivo principal de la OTAN
cuando Scheffer (Amsterdam, 1948) tomó posesión en enero de 2004.
Sólo cinco
meses antes, la organización había asumido el mando de la operación, la primera
de su historia fuera de Europa. Desde entonces, la presencia de la Fuerza
Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) ha multiplicado por diez su
presencia (de 5.700 a 64.500 efectivos) y se ha extendido desde Kabul a todo el
territorio. Pero este enorme crecimiento, alimentado sobre todo por EEUU (de
en torno a 10.000 a cerca de 57.000 soldados) no ha anulado la actividad de la
insurgencia talibán.
Otro de los retos de los que habló el ex-ministro de
Asuntos Exteriores holandés al asumir el cargo en 2004 era el de "tender
puentes" entre Europa y la administración estadounidense de George
W.Bush. Las relaciones entonces estaban seriamente dañadas por las
divergencias con Francia, Alemania y otros países aliados en torno a la guerra
contra Irak.
Democristiano y atlantista convencido, Scheffer sí pudo ejercer
en este caso sus habilidades diplomáticas, que le vienen de cuna (nació en
Amsterdam en 1948 en el seno de una familia de diplomáticos
católicos). Además, durante su mandato la OTAN ha recibido a ocho países del
antiguo bloque comunista (Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Bulgaria,
Eslovenia, Eslovaquia, Albania) y a una república ex-yugoslava, Croacia.
Esta
política de expansión hacia el este ha supuesto y supone una de las principales
fuentes de fricción entre la OTAN y Rusia, y fue uno de los factores que
explican la guerra entre Moscú y Georgia del pasado mes de agosto.