Las autoridades chinas informaron de la detención de otras 319 personas en
conexión con las protestas étnicas que causaron cerca de doscientos muertos el 5
de julio, con lo que el número de detenidos se situaría en cerca de dos
mil.
Según informó la policía de Urumqi, capital de la región autónoma
occidental de Xinjiang, estos arrestos son adicionales a los 253 anunciados el
pasado 29 de julio, según declaraciones recogidas por la agencia oficial de
noticias Xinhua.
Con estos serían ya cerca de dos mil los detenidos después
de los disturbios étnicos, ya que el 6 de julio las autoridades informaron de la
detención de más de 1.400 sospechosos. Un portavoz policial declinó confirmar
cuántos de los detenidos han sido liberados, así como el origen étnico de los
mismos.
Según un comunicado del Buró de Seguridad Pública de Urumqi, los
últimos 319 detenidos fueron denunciados por el público o localizados tras una
investigación policial, y se enfrentan a cargos en conexión con las revueltas
que dejaron 197 muertos, según cifras oficiales.
Las detenciones se llevaron
a cabo tanto en Urumqi como en otras ciudades de Xinjiang, después de que la
policía china acusara a miembros de esta etnia de matar a 200 chinos, mientras
que dos días más tarde los colonos chinos salieron a la calle a vengarse
linchando a uigures ante la pasividad de las fuerzas del orden. Según
informaron a Efe fuentes uigures, ciudades en las que habita esta mayoría
étnica, como Kashgar, se encuentran totalmente cerradas a los extranjeros y
tomadas por el ejército chino.
Grupos uigures en el exilio indican que la
cifra real de muertos por las revueltas podría ser de 800, y acusan a las
autoridades chinas de ocultar a los fallecidos uigures.
Xinjiang estuvo
habitada durante siglos por esta etnia de lengua turcomana y credo musulmán,
hasta que los colonos chinos empezaron a llegar a la región después de la
ocupación de las tropas comunistas, en 1949, en especial en las últimas dos
décadas, hasta convertirse en un 50 por ciento de los pobladores.
Los uigures
acusan al gobierno chino de reprimir y segregar su cultura, y de torturar a sus
miembros o ejecutarlos bajo falsas acusaciones de terrorismo, mientras que Pekín
consiguió incluir en 2001 a los independentistas uigures en la lista de
terroristas internacionales.
Las protestas de Urumqi se produjeron después de
que varios uigures murieran linchados por chinos en una fábrica de juguetes de
Cantón (sur) el 26 de junio, y las autoridades no hicieran nada por localizar a
los culpables del linchamiento.