La selección española selló el pasaporte al Mundial 2010 de Sudáfrica, con un
impecable camino creado con pleno de triunfos, en esta ocasión alejado de la
brillantez pero sin sufrimiento ante la débil Estonia, a la que tumbó con goles
de Cesc Fábregas, Santi Cazorla y Juan Mata.
España ya es mundialista. No
faltará a la cita en Sudáfrica, donde será catalogada favorita por su brillante
triunfo en la Eurocopa y su brillantez rumbo al Mundial, olvidado el disgusto de
la Confederaciones.
No quiere el seleccionador que se hable de la España de
Del Bosque, sino del grupo de jugadores, de la generación de oro del fútbol
español, que le ha tocado dirigir. Y lo hace con éxito, alejado de debates y
centrado en seguir innovando en un grupo que no para de crecer. Instalado en un
segundo plano cuyo único objetivo es pasar a la historia conquistando el
Mundial.
España llegaba a Mérida con la difícil tarea de mantener el alto
nivel de juego. Por momentos hubo más espectáculo en la grada, volcada en la
primera aparición oficial de la absoluta, que sobre el césped, donde se
reivindicó Cesc Fábregas y en el que Iker Casillas superaba un nuevo registro,
el de partidos sin encajar un gol.
Necesitaba un encuentro brillante Cesc. El
tiempo pasa pero no cambia su rol. Y se desespera. Es un ganador nato y ante
Bélgica no entendió su suplencia. Más si cabe por la ausencia de Andrés Iniesta,
por identificar su hueco en el nuevo sistema de tres centrocampistas.
El
vapuleo a Bélgica de Riazor hizo pensar al seleccionador en repetir equipo pero
si algo es Del Bosque, además de buen entrenador, es psicólogo. Su mano
izquierda le ha conducido al éxito en capítulos pasados de su carrera. Y ante
Estonia sabía que debía contentar a jugadores. Por el bien del grupo.
El
pelotón de cabizbajos lo lideraba Cesc. Su cabeza no para de dar vueltas. Cuando
Del Bosque le da la confianza sale a comerse el mundo. Despertó a la 'Roja' de
unos minutos planos, aturullado por el calor, por los 35 grados, y sin ideas en
un campo que le faltaba riego para colaborar en la velocidad del fútbol
español.
Los cambios en una zaga en la que Gerard Piqué se ha convertido en
el auténtico capo, dejaron leves desajustes que aprovechó Estonia. Rival menor
del grupo pero que nunca renunció a tocar el balón. No dio un solo pelotazo. Ni
en los minutos de asedio. Antes fueron ellos los que hicieron que Iker Casillas
se frotase los ojos para creer las acometidas del rival.
Un disparo lejano de
Kink, un centro de Oper que remató arriba, sólo, de nuevo Kink, y un taconazo
que rozó el palo de Zenjov, dejaban marca en veinte minutos en los que España
añoraba el fútbol desplegado en Riazor.
Hasta que apareció Cesc. Asociado con
Xavi, mano a mano en la construcción con la espalda cubierta por Marcos Senna,
comenzó a asociarse con Silva y Villa. A lanzar paredes y jugadas que acabaron
siempre en remates fallidos de Fernando Torres.
Necesitaba un gol 'el niño',
hambriento por no haber marcado en ningún encuentro de clasificación, pero su
desesperación fue en aumento. Comenzó perdiendo por milímetros pases en largo de
Cesc y Senna, para acabar lamentado claras ocasiones.
España se enchufó de
golpe. Trianguló con brillantez pero Torres perdonó. A los 26 minutos chutó alto
la jugada del partido. Piqué sacó jugado el balón, tras recorte en su área, Cesc
hizo la pared con Villa, sirvió a Silva que dejó solo al 9 español que
erró.
No creía lo que veía cuando tan solo cincuenta segundos después, tras
pase al hueco de Xavi, perdonaba el mano a mano ante Pareiko. Dudó a la media
hora, de nuevo solo, tras bajar un balón del cielo. Mientras Villa afinaba
puntería chutando arriba dos disparos.
No falló Cesc. En una de sus clásicas
jugadas, arrancando desde la medular con potencia, encontró la pared repleta de
calidad de Villa, que devolvió el balón con el exterior del pie, para que
definiese cruzado, ajustado al palo, ante la salida de Pareiko. Fue el tanto de
un jugador que disfruta más asistiendo. Su tercero en 44 encuentros. Rabia
desatada en la celebración. Se soltó España ante el cansancio estonio. En ese
juego de impulsos pudo aumentar el marcador, pero la chilena de Torres no entró,
ni el potente disparo de Villa o el colocado de Piqué.
En la reanudación
mareó a Estonia con el toque. Superior en calidad los goles eran cuestión de
tiempo. Comprobado que no era el día de Torres y Villa, que se topó con el meta
estonia en dos nuevos lanzamientos a puerta, Del Bosque movió el banquillo con
acierto.
El hambre de la selección se personificó en Santi Cazorla y Juan
Mata, que aprovecharon al máximo los minutos de los que disfrutaron. Un solo
disparo desviado de Vunk fue el balance ofensivo de Estonia, antes de que tras
innumerables intentos de pases en la frontal rival, Cazorla encontrase el hueco
y su disparo potente, tras un rechace, se alojase en la red.
España
disfrutaba de su clasificación al Mundial cuando, sobre la hora, Mata asistido
por Cazorla en un cambio de juego, cruzó su disparo para cerrar un triunfo
cómodo, sin brillo pero con el valor de confirmar la presencia de la 'Roja' en
Sudáfrica. Acudirá con su mejor selección de la historia. Con un sueño por
cumplir.