Abel Caballero vuelve a donde solía, es decir, a tomar el pelo a los vigueses. Lo hizo en su etapa de presidente del puerto con el fantasmagórico Plan Nouvel, que se quedó en una maqueta que costó una millonada. Ahora repite con una "espectacular" bajada de impuestos que analizados los datos se traduce en una reducción de 0,70 céntimos a cada ciudadano, vamos, ni para un café. Don Abel debe pensar que sus convecinos residen en "tontópolis" y actúa en consecuencia.