El español Juan José Cobo, del Fuji, conocido como "El bisonte", irrumpió con un
demarraje letal a dos kilómetros de meta y se apuntó la decimonovena etapa
disputada a través de 179 kilómetros entre Ávila y La Granja de San Ildefonso,
último capítulo de montaña en el que Alejandro Valverde ató la Vuelta con un
segundo puesto que le supuso 12 segundos de premio y Samuel Sánchez avanzó al
segundo escalón del podio.
Es la semana fantástica de Juanjo Cobo. Primero
fue seleccionado para la prueba de ruta del Mundial de Mendrisio, en Ávila se
enteró que también hará la contrarreloj mundialista y, cuatro horas y media
después, levanta los brazos eufórico como vencedor de una etapa tan golosa como
la de la Sierra de Guadarrama. Una hazaña para el ciclista de Cabezón de la Sal,
que se presentó en la Vuelta con una fractura en la clavícula. Era necesario
hacer honor al nombre de su pueblo para superar todo eso.
Cobo, de 28 años,
se apuntó a bajar con los grandes por las Siete revueltas. Alcanzó a Samuel
Sánchez, que ejerció de maquinista y a Valverde. Luego llegaron Cadel Evans,
Ivan Basso, Mosquera, Dani Moreno y Tiralongo. Muchos intentaron sin suerte el
despegue, pero el corredor del Fuji, equipo rechazado en principio por la
organización y que está en carrera gracias al TAS, se disparó a dos kilómetros
de meta.
Maniobra que le condujo a su estreno en la Vuelta en el sexto año de
profesional. Ya tiene otra etapa en el Tour, aunque de rebote: Aquella que ganó
su compañero del Saunier Duval Leonardo Piepoli en Hautacam. "Leo" hizo trampa,
dio positivo y su equipo fue expulsado de la carrera, pero el "bisonte" consta
como ganador de aquella jornada.
Cobo firmó la segunda victoria de la
temporada y la octava en toda su trayectoria. Mientras se volvía loco de alegría
pasó la meta, a 2 segundos, Alejandro Valverde, quien también tenía razones para
celebrar algo: nada menos que el paso decisivo para ganar la Vuelta. Tuvo una
bonificación de 12 segundos que le vendrán bien para la cronometrada del sábado,
en Toledo.
A rueda del líder pasaron Evans, Samuel, Dani Moreno, Mosquera y
Basso. Todos los favoritos menos Gesink, que pasó las de Caín en toda la
jornada. Su herida en la rodilla le hizo perder 5 minutos y el segundo puesto en
el podio. Se lo cedió a "Samu", que ve mira para arriba y ve a Valverde a 1.26.
Ivan Basso saltó al tercer escalón a 1.45.
Valverde puso en hora el reloj. En
Toledo, se proclamará, salvo imprevisto, virtual vencedor de la Vuelta. Salvó el
último escollo de montaña protegido por su equipo, a la expectativa de los
movimiento de sus rivales, que nunca llegaron a inquietarle. Si acaso en el
descenso desde Navacerrada hasta la Granja.
En las revueltas se cosió a la
rueda de Samuel, que estaba escribiendo su último examen de la ronda, pero el
asturiano, excelente bajador, y más con la carretera mojada, tampoco se quiso
jugar el pellejo. Con Gesink fuera de combate tenía el segundo puesto asegurado.
Y se conformó. Por si acaso, Valverde tiró en algunos instantes en cabeza,
enseñando los galones de líder.
El último asalto colectivo antes de la
contrarreloj volvió a desarrollarse bajo la lluvia, en día de perros, en un
escenario donde se han resuelto algunas ediciones, cuatro puertos y bajada final
de kamikazes. La escapada del día fue efímera, pero existió.
La historia
apuntó como detalles el ascenso a La Morcuera, donde Gesink no pudo más con su
rodilla. Luego Valverde bonificó cuatro segundos en un esprint intermedio, -un
aviso del líder - y en Navacerrada saltó el desenlace de la etapa.
Cobo atacó
para coronar Navacerrada, pero sin permiso para marcharse. Con el asfalto mojado
tenía que salir a escena Samuel Sánchez, el campeón olímpico. Lo hizo. Y puso en
aprietos al personal, menos a Valverde. ¿Para qué arriesgar más?. Fue prudente
en las curvas, coqueteó con Valverde y reservó el esqueleto para llegar segundo
a La Cibeles.
Los favoritos se reorganizaron a 8 kilómetros de meta. Quedaba
el bombón de ganar la etapa. Atacaron el italiano Tiralongo y Mosquera. Sin
convicción. Así que probó Juanjo Cobo a 2.000 metros de la meta, instalada junto
a la Real Fábrica de Cristales. El cántabro, ganador de la Vuelta al País Vasco
en 2007, salió en estampida, sin mirar atrás, guardó un puñado de segundos para
cerrar su semana de gloria. Entró como un bisonte en una cacharrería para hacer
su sueño realidad. Y ahora al Mundial.