El arzobispo de Granada, Javier Martínez, ha comparado la situación en la que la
reforma de la Ley del Aborto sitúa a "miles de profesionales" sanitarios con la
que tuvieron que afrontar los médicos o soldados "bajo el régimen de Hitler o de
Stalin" o en cualquiera de las dictaduras que hubo en el siglo XX.
Según ha
informado en un comunicado la Oficina de Información de los Obispos del Sur
de España (Odisur), el prelado pronunció estas palabras en la homilía del pasado
domingo en la Catedral.
Martínez consideró que ha habido "pocas imágenes más
tristes" que la que ofrecieron los parlamentarios "aplaudiendo lo que por fin se
ha convertido en un derecho: matar a niños en el seno de la madre".
"¿Y a eso
le llaman progreso?", se preguntó el arzobispo, para quien la ley pone a los
profesionales en situaciones "muy similares" a las que tuvieron que afrontar los
médicos o soldados "bajo el régimen de Hitler o de Stalin o de cualquiera de las
dictaduras" del siglo XX y que "realmente establecieron la legalidad de otros
crímenes menos repugnantes que el aborto".
"Es de cobardes matar al débil",
dijo Martínez, que se refirió a la Edad Media, esa época "que nadie se atreve a
recordar porque tampoco es políticamente correcto", para señalar que hubo una
orden militar cristiana en la que los caballeros hacían el juramento de no
combatir nunca con menos de dos enemigos a la vez porque para ellos era "indigno
combatir de igual a igual" con quien no era cristiano.
"El mundo puede
llamarlo estupidez. Yo le llamo valor, pero matar a un niño indefenso, y que lo
haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de
abusar del cuerpo de la mujer, porque la tragedia se la traga ella", agregó el
arzobispo.
Y se la traga, añadió, "como si fuera un derecho: el derecho a
vivir toda la vida apesadumbrada por un crimen que siempre deja huellas en la
conciencia y para el que ni los médicos ni los psiquiatras ni todas las técnicas
conocen el miedo".
Para el prelado, esta "licencia para matar no es más que
un primer paso de la pérdida de libertad" de la sociedad y el primer paso,
"gravísimo, que anuncia que estamos ya en una nueva y terrible
dictadura".
Para Martínez, es la humanidad "la que retrocede con este
genocidio silencioso al que se nos invita y que ahora se promueve", genocidio
que se impone, dijo, a ciertos profesionales "como si fuera una obligación, el
mismo tipo de obligación que las que tenían los oficiales en los campos de
concentración".