Los excesos de la "primera dama" israelí, Sara Netanyahu, vuelven a castigar a
su marido, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, tras conocerse hoy la
existencia de una segunda denuncia contra ella por parte de otra ex
empleada.
La nueva denuncia, de la que informa hoy escuetamente el diario
"Yediot Aharonot" por estar bajo secreto de sumario, fue presentada dos meses
antes de la que Lilian Peretz, ex ama de llaves de su residencia privada en
Cesarea, interpuso a principios de este mes.
Peretz le exige una compensación
de 300.000 shekels (81.300 dólares) por salarios impagados y compensaciones por
"humillación" y "explotación".
"Nos gustaría, pero no podemos divulgar
ninguna reacción por orden judicial", dijeron al diario asesores de Netanyahu en
relación con la nueva demanda, que nada tiene que ver con la de Peretz.
El
diario destaca, no obstante, que también se trata de una reclamación contra la
mujer de Netanyahu, famosa por haber sido acusada reiteradamente de
comportamiento déspota.
Ayer, el diario "Maariv" denunció la apropiación
indebida por parte de Sara de unos lujosos trajes que se hallaban en la sede del
partido Likud y que ella y su marido utilizaron en la filmación de anuncios para
la campaña electoral del año pasado.
El partido le había aclarado que eran de
alquiler y había que devolverlos, pero ella envió a un conductor para que se los
llevara y, para tapar el escándalo, el Likud acabó por pagar las
vestimentas.
Igualmente, la prensa ha recogido que la "primera dama", que
oficialmente casi no tiene ningún papel público ni presupuesto oficial autónomo,
ha sido decisiva en la configuración del entorno profesional del primer
ministro, vetando a funcionarios que no le agradaban y alejando a otros que ya
estaban ahí.
En un artículo de varias páginas el fin de semana el "Yediot
Aharonot" describía a un Netanyahu sometido a los designios de su mujer Sara, su
segunda esposa y con la que tiene dos hijos.