El anuncio del cocinero Ferrán Adriá de que cerrará al público durante dos años
su restaurante El Bulli, considerado el mejor del mundo, ha marcado la jornada
de apertura de la VIII Cumbre Internacional de Gastronomía Madrid Fusión, en la
que se debaten el futuro y las últimas tendencias de la alta cocina.
En una
multitudinaria rueda de prensa y acompañado por su socio, Juli Soler, Adriá ha
querido atajar cualquier especulación: "lo triste habría sido decir que ya he
aportado lo que tenía que aportar", ha dicho. "A partir del 2014 El Bulli va
a ofrecer comida de alguna manera, seguro", ha insistido, y ha negado que la
presión de las estrellas que otorga la guía Michelín le haya hecho tomar esta
decisión, toda vez que necesita "presión para crear, porque sin presión no hay
creatividad".
No obstante, esos dos años en que el restaurante no "dará de
comer" a la clientela no significan el apagado de los fogones de su cocina
gerundense, en la que el cocinero seguirá investigando y experimentando,
mientras perfila el futuro de su proyecto gastronómico.
"Vamos a trabajar
todo lo posible para que la cocina española siga ahí arriba" y a "seguir
haciendo creatividad", ha asegurado, aunque sin tener "ni idea" ni del formato
ni de la financiación.
Arropado en la rueda de prensa por otros afamados
cocineros españoles, como Juan María Arzak, Pedro Subijana, Joan Roca o José
Andrés, Adriá ha considerado que El Bulli no es "un dogma de la alta cocina,
porque cada negocio es un mundo".
"Hay que definir y saber muy bien lo que es
la alta cocina", ha aseverado el cocinero, quien ha rechazado que este concepto
no dé más de sí, como prueba el hecho de que las estrellas Michelín se hayan
multiplicado: "al menos quedan diez años más de creatividad, que no se debe
confundir con ruptura, algo que ya se dio en los noventa".
La decisión tiene,
además, un componente personal. "No sé estar sin hacer nada, pero también nos
merecemos normalizar nuestras vidas después de 25 años", ha comentado.