El escritor Arturo Pérez-Reverte confiesa ser "pesimista" sobre un país, España,
que ha perdido "muchas oportunidades". Por eso en su nueva novela, "El asedio",
se ha sumergido en el Cádiz de 1811, un escenario que fue "un foco de esperanza"
y que le sirve para hacer "un balance" de su carrera literaria.
Un día
después de que los 320.000 ejemplares de la primera tirada de su novela hayan
invadido las librerías españolas, el escritor ha presentado su nueva obra en su
escenario, Cádiz, en un recorrido durante el que ha asegurado que ha agotado "el
impulso" que le llevaba a escribir libros de contenido histórico sobre los
últimos siglos y que, a partir de ahora, buscará "cosas que me motiven
más".
Pero "de aquí a menos de un año", ha asegurado, publicará la séptima
entrega de aventuras del capitán Alatriste, ese personaje que le ha convertido
en uno de los mayores éxitos editoriales españoles de los últimos años. "Me lo
piden los lectores", ha señalado este autor que asume "sin complejos" el término
de "best-seller" asociado a su obra.
Se define, como la mayoría de sus
personajes, como "un héroe cansado" que intenta "mantenerse a flote" en un país
en el que "nos hemos cargado todo lo que hemos tenido" y en el que acecha el
peligro de "ignorar el pasado".
Por eso ha pasado los últimos dos años
buceando en una ciudad, Cádiz, que "estará en mi vida para siempre" y que en
1811 Y 1812 reunió a una elite política "culta" que llevó a cabo "nuestra
revolución francesa" y que intentó construir "la España que hubiéramos
deseado".
Una clase política que, en su opinión, nada tiene que ver con "el
evidente analfabetismo" y "la degradación cultural" de la actual. "Ahora no hace
falta nada más que estar en la maquinaria del partido", ha asegurado este
escritor que no es "ni de derechas, ni de izquierdas ni de centro" porque "hay
días que me levanto de una manera y días que me levanto de otra".
En "El
asedio", de más de 700 páginas, Pérez-Reverte, no ha querido hacer una novela
histórica, porque "no podía refreir" obras como "Cádiz", de Pérez Galdós, o "Un
siglo llama a la puerta", de Ramón Solís. Él ha tratado de construir una obra
"de géneros", en la que el amor folletinesco se mezcla con las aventuras, el
misterio, el espionaje o la ciencia de la mano de personajes como el comisario
Rogelio Tizón, el capitán corsario Pepe Lobo, el taxidermista y espía Gregorio
Fumagal o Lolita Palma, una gaditana de clase alta.
Ha querido hacer una
novela que "tuviera dentro todas mis novelas" y que fuera "una especie de
balance" de sus más de veinte años de carrera literaria. Un relato "lleno de
cosas", para "disfrutar y zambullirse" en una ciudad que es "un barco" con "unas
posibilidades narrativas muy potentes" y que le ha servido para hablar "sobre el
corazón humano" y sobre como "el ser humano es el animal más
peligroso".
Cuando se le pregunta sobre su evolución no duda en contestar que
"un escritor coherente escribe siempre las mismas novelas". Él tiene "el
privilegio" de contar con unos lectores "fieles" y poco definidos, "son mayores,
jóvenes, japoneses o colombianos". "Tengo un territorio narrativo muy cómodo.
Dentro de ese territorio voy evolucionando, voy contando la misma historia a
través de mis sucesivas miradas, cada una me lleva a un lugar, así voy
ensanchando mi territorio natural", ha explicado.
Aunque asegura que hubiera
podido ambientar "El asedio" en el Madrid del 36 o en el Sarajevo del 92, el
autor ha preferido fijarse en Cádiz, una ciudad que se preparara para conmemorar
el Bicentenario de la Constitución de 1812, un evento para el que su libro
contribuirá a "crear ambiente".
"Cádiz tiene un papel moral que jugar
importantísimo como puente entre la España moderna y la América moderna", ha
dicho el autor en la presentación de su novela, en el Salón de Plenos del
Ayuntamiento de la capital gaditana, al lado de la alcaldesa, Teófila Martínez.