Al igual que las grandes firmas de moda utilizan los perfumes y los complementos
para salvar sus cuentas y seguir haciendo alta costura, el cátering y las
"segundas marcas" se han convertido en tablas de salvación para la cocina de
vanguardia, que así puede seguir creando libremente, sin apreturas
económicas.
"La cocina de vanguardia necesita complementos que le permitan
funcionar con soltura y alegría, un recurso paralelo que le aporte lo necesario
para mantener su libertad creativa", ha subrayado hoy Joan Roca, cocinero de El
Celler de Can Roca (Girona), actualmente entre los mejores restaurantes del
mundo, como demuestran sus tres estrellas Michelín.
Roca ha participado en
BCNVanguardia, el congreso internacional de cocina que se está celebrando en el
marco del salón Alimentaria de Barcelona, donde ha explicado cómo se "traduce"
esa alta cocina al cátering, adaptando las creaciones ideadas para la carta de
su restaurante, a versiones reducidas, que permitan, por ejemplo, la producción
a gran escala para un banquete, sin perder calidad.
El cocinero ha desgranado
muestras de estas transformación de escala: bombones de trufa y mousse de
anchoa, un cóctel esferificado de pomelo y campari, turrón de foie-gras, en
definitiva, pequeñas joyas culinarias que tienen su paradigma en las aceitunas
caramelizadas que El Celler ofrece como 'snack' a sus comensales colgadas en un
bonsai de un olivo.
"Un ritual, símbolo de que estamos en el Mediterráneo",
ha apuntado Roca, que ha aprovechado para dar a conocer el tratamiento que ha
desarrollado para reducir los riesgos de infecciones alimentarias por consumo de
ostras en los cátering gracias al uso de altas presiones en frío, sin que ello
afecte a las características organolépticas de este molusco.
En una línea
parecida, el cocinero Sergi Arola (Restaurante Gastro de Madrid, dos estrellas
Michelin) ha señalado que los cocineros que apuestan por la innovación pueden
seguir el "modelo Armani", el diseñador de moda italiano que supo diversificar
sus creaciones con una segunda marca, al alcance de más gente, sin tener que
renunciar a la vertiente más prestigiosa, con destino a la pasarela.
"Hay que
crear un modelo de negocio, uno se tiene que comprometer como empresario",
remarca Arola, que cuenta también con establecimientos en Sintra (Portugal) y
Sao Paulo (Brasil) y que recuerda que "la alta gastronomía es, cuanto menos,
poco rentable" y que no puede funcionar si no es capaz de rentabilizar su
nombre, como ocurre con las marcas de moda.
"Cuando vas más allá de jugar a
las cocinitas, has de pensar que muchas familias dependen de las decisiones que
tomas", afirma este cocinero que amplió su actividad a través de la línea
"Arola", para abrir nuevos restaurantes, "viajando por el mundo y viendo qué es
lo que demanda la gente, porque si lo olvidas estás condenado al fracaso".
A
pesar del éxito internacional, ha lamentado que la cocina española "no se viva
en la calle", mientras que otras gastronomías sí han sabido aprovechar el tirón
y no sea raro ver en ciudades de todo el planeta carteles donde se lee "chinese
tapas" o "french tapas", mientras que escasean las "spanish tapas".
Arola ha
echado de menos también una mayor representación de los cocineros españoles en
el exterior. "Nos falta compromiso a la hora de salir, tenemos grandes
cocineros, pero en casa, nos da pereza salir".
En este sentido, cree que a la
cocina española le falta "impacto" en las grandes capitales de Asia o Estados
Unidos, donde siempre hay entre los mejores restaurantes alguno de perfil
italiano o francés, lo que no ocurre con los españoles, a excepción de Carme
Ruscalleda en Tokio, "y no sé si estaría entre los diez mejores".
Durante la
jornada han pasado por los fogones instalados en el pabellón 6 del recinto Gran
Via 2 donde se celebra el congreso numerosos cocineros y restauradores.
Entre
ellos, Berlarmino Iglesias hijo, segunda generación de una familia gallega
inmigrante en Sao Paulo, que a principios de los años sesenta gestó un proyecto
gastronómico basado esencialmente en la carne y que han convertido a su
restaurante, el Figueira Rubaiyat, en un establecimiento de referencia en todo
el continente.
El éxito de este restaurante "rústico" y "superpequeño" -como
lo define el propio Iglesias- y que cuenta también con locales filiales en
Buenos Aires y Madrid, lo reflejan el millón de clientes que tuvieron el último
año.