El Confidencial
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José Manuel López García
Nacional

Pasajeros que viajaban en el tren aseguran que circulaba "demasiado deprisa"

21-08-2006

Los vecinos de Villada inerrumpían a las 15.52 horas de este lunes su actividad diaria. A esa hora, el tren de viajeros procedente de A Coruña con destino a Hendaya entraba en la localidad palentina de Villada, donde impactaba con los pilares de un puente y descarrilaba. Un total de 426 pasajeros, en su mayoría peregrinos que habían subido al tren en Santiago de Compostela, vivían momentos de pánico intentando abandonar los vagones. Las causas de este accidente aún se desconocen, aunque todo apunta al exceso de velocidad, ya que el tren circulaba con cerca de 40 minutos de retraso. Los vecinos de la localidad de Villada aseguran que sobre las 16.00 horas escucharon un fuerte golpe, al que siguieron los gritos de los pasajeros. "Hemos sentido el impacto y hemos salido a ver qué pasaba. Se oían muchos gritos y algunos viajeros empezaban a salir completamente ensangrentados", explica Dorotea Espeso, una vecina que tiene su casa junto al lugar donde descarriló el tren. "Hemos avisado al ambulatorio de aquí, mientras las vecinas íbamos sacando toallas para limpiar a los heridos y preparábamos tilas, ya que se han vivido momentos de histeria entre los pasajeros", afirma Rufina Moro, una de las primeras en atender a los viajeros. Cayo Espinel, un joven de Villada, fue también uno de los primeros en penetrar en el tren para socorrer a las víctimas. "Temblaron los cristales de mi casa y pensé que era un tren que pasaba demasiado rápido y luego escuchamos un golpe brutal. La vecina comenzó a llamarnos y decidimos entrar en los primeros vagones", asegura Cayo. "Enseguida vimos que algunos de los pasajeros ya estaban muertos y muchos atrapados. Sacamos a los que pudimos y luego estuvimos tranquilizando a aquellos que permanecían atrapados", añade Jesús Prieto, otro de los jóvenes que prestó su ayuda a las víctimas en los primeros instantes tras el accidente. Según sus testimonios, uno de los vagones se incendió y gracias a los extintores de la cercana fábrica de aperitivos Facundo se pudieron apagar inmediatamente. "Rompimos los cristales de los vagones y colocamos las cortinas para evitar que los viajeros se cortarán al saltar por las ventanas", afirman Cayo y Jesús, al tiempo que subrayan que "para el estado en el que ha quedado el tren, ha pasado poco". Pasajeros Manuela Barro, de 33 años, era una de las pasajeras del primer vagón, el que más daños ha sufrido y en el que viajaban las víctimas mortales. "En el momento del descarrilamiento noté un fuerte impacto y a continuación un frenazo brusco. Iba fumando en el descansillo entre la locomotora y el primer vagón. Eso es lo que me ha salvado la vida. He sido de las primeras en salir del tren y afortunadamente sólo tengo golpes y arañazos", señala Manuela. En el interior de los vagones, la situación era caótica, ya que las maletas impedían la salida de los pasajeros. "El tren comenzó a vibrar fuertemente, se partieron los cristales y todas las maletas se nos vinieron encima, golpeándome en la cabeza y en el brazo", afirma Raquel Fernández, que había subido al tren en Vigo y se dirigía a Zumárraga (San Sebastián). "El tren iba rápido porque llevaba más de media hora de retraso", matiza. "Todo se movía. Intenté salir del tren lo más rápido posible", explica María Angeles Encinar, que se dirigía hasta Irún desde A Coruña. "Desde A Coruña hasta León el tren viajaba despacio, pero a partir de ahí comenzó a acelerar", dice. "Los últimos vagones comenzaron a moverse de un lado a otro y a dar pequeños saltos. Suerte que a mi familia y a mí no nos ha pasado nada, sólo que ahora estamos muy nerviosos". "Viajábamos en el primer vagón. Eso es lo que me ha salvado la vida", aseegura María Jesús Horna, que viajaba con sus ancianos padres hasta Bilbao.





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