Xavier Sardà publica "El asesino de presentadores", una novela en tono de humor
en la que el país vive una especie de estado de excepción tras una serie de
asesinatos de conductores de informativos, una situación que sería en realidad
"muy desestabilizadora, muy inquietante", dice el autor.
En su nueva obra hay
mucho diálogo, porque se la ha imaginado "como una película", y abundan los
personajes "reconocibles", aunque nunca inspirados en gente real, salvo en el
caso de Ana Blanco, presentadora del Telediario de La 1, a quien se cita entre
los motivos para ser presentadora de informativos: no ser de ningún partido
político.
"Ella es mi icono, mi tótem, me impresiona tener la seguridad de
que cambie el gobierno y que cambien algunas cosas, pero ello no; debería haber
sido la mujer del Príncipe", afirma el periodista catalán en entrevista con
Efe.
"Si desapareciesen los presentadores de magacín no pasaría nada,
pondrían películas o documentales", añade Sardà, quien a sus 52 años regresa al
ejercicio de "divertimento" que supone para él la escritura tras haber dejado la
televisión diaria.
En "El asesino de presentadores" el ministro del Interior
y el propio presidente del Gobierno se involucran junto a un grupo de policías,
una prostituta y un cura en la resolución de la cascada de asesinatos de
presentadores de informativos.
En esta novela negra se plantea la situación
de reunir a los presentadores supervivientes para que emitan un informativo
conjunto, una tarea que sería "complicada" en la realidad, según el periodista
catalán, quien considera que hay suficiente pluralidad en las televisiones. "Y
más desde que emite Intereconomía; nos han abierto el abanico al
máximo".
¿Las fusiones entre cadenas acabarán con esa pluralidad?. "Se
debería dejar autonomía a las pequeñas cadenas, ahí está la gracia. Confío en
que tengan su propia autonomía y sus propios informativos", responde Sardà,
quien disfruta ahora de su condición de tertuliano en Catalunya Ràdio.
El
humor, "que no es cinismo, que te hace insociable", es parte de la vida de
Sardà, que recuerda las "graves desgracias personales" que le han rodeado: la
muerte de su madre a los 7 años, de su padre a los 18 y de su hermano a sus 28,
además de "grandes amigos" que fallecieron jóvenes.
Por eso su, debut en la
novela, "Eros, Thanatos y su puta madre" (2008), supuso una visión humorística
de la muerte, el mismo tono que trufa ahora las páginas de "El asesino de
presentadores" (Planeta), que aspira a ser, una obra "si no buena, al menos
divertida".
Le gustan los documentales históricos, pero sólo como espectador,
ya que desde que decidió "comprar" su tiempo -cuando en pleno éxito dejó
"Crónicas Marcianas"- abandonó las fórmulas televisivas en que tenía que "hacer
de Sardà" e inició una nueva, aunque efímera etapa, con el espacio "La tribu"
(Telecinco), que duró un mes y medio en antena.
"Ahora prefiero que me den
fórmulas a las que aportar mi toque personal, no encargarme de todos los
contenidos del programa", explica el presentador, quien ve al espacio de Jorge
Javier Vázquez en Telecinco (Salvame) como "heredero" de "Crónicas Marcianas",
porque han conseguido un clima muy especial, "en el que se ríen también de sí
mismos".
La mención de la palabra "telebasura", le trae antiguas sensaciones
de aquella etapa de ocho años en la noche de Telecinco en las que, además de
humor, recuerda, que hubo "momentos de compromiso político", como durante la
guerra de Irak; "momentos del corazón muy buenos y otros que francamente no eran
para estar orgulloso, pero en conjunto no se puede decir que hiciésemos
telebasura".