El cantante y compositor de origen libanés Mika ha inundado esta noche el Palau
Sant Jordi de Barcelona de pop efervescente y ritmos pegadizos con su último
trabajo, "The boy who knew too much" (El chico que sabía demasiado), con el que
ha reunido a 6.000 entregados seguidores.
Con una cuidada puesta en escena y
plagada de efectos audiovisuales, Mika, cuyo nombre real es Michael Holbrook
Penniman Jr, ha interpretado canciones de su nuevo álbum como "Rain" o "Blame it
on the girls" con éxitos del anterior disco, "Life in cartoon motion", del que
despachó seis millones de copias.
Mika, que también actuará mañana en el
Palacio de los Deportes de Madrid, ha hecho gala a lo largo de hora y media de
sus grandes aptitudes vocales y su característico falsete con un repertorio
repleto de pop bailable con tintes retro y emotivas baladas como "Relax, take it
easy", con la que ha iniciado el concierto.
Porque la melancolía, una emoción
latente en "The boy who knew too much", en el que habla de su adolescencia, se
ha hecho sentir en temas como la despechada y oscura "Rain" o la enamoradiza "I
see you".
Su increíble técnica vocal, con un rango de tres octavas y media,
ha despuntado en temas como "Over your shoulder", que ha dedicado a un familiar
suyo de tan solo seis años.
Su particular ironía, reinante en la mayoría de
sus letras, ha aparecido en temas tan dispares como "Billy Brown", una peculiar
historia de amor entre un casado y un chaval que lo catapultó a icono gay. O en
"Good gone girl", esa niña buena convertida en arpía cazahombres.
Con el
piano como mejor compañero de escenario, Mika ha entonado la infantil "Toy boy",
en la que se pone en la piel de un muñeco de trapo.
Una escenografía luminosa
y planetaria, con un Mika que ha aparecido sobrevolando el escenario con un
traje de astronauta, ha conquistado un público de todas las edades, incluido
niños, que se han entregado a la voz del artista que ha creado una atmósfera
envolvente canción tras canción.
El artista ha inventado una historia, en la
que dragones, muñecos hinchables y disfraces han acompañado los números del
artista, siempre dispuesto a sorprender a sus seguidores.
De esta forma, y a
través de un maletín inacabable a lo Mary Poppins del cual sacaba objetos para
interpretar sus canciones, el cantante de 26 años ha desgranado temas nuevos y
antiguos.
El toque de color lo ha dado una gigante peluca rosa que escondía a
una fan y un grupo de seguidoras disfrazadas como si acabaran de salir de la
"Era de Aquarium" emulando así la estética del cantante.
Con todo ello, el
concierto ha sido un delicioso cóctel de drama y comedia, como una salsa
agridulce, con un energético Mika tejiendo temas tan radiados y animados como la
positiva (y pastel) oda a la gordura "Big girl (You are beautiful)", con otros
más introspectivos y tristes como el "Happy ending".
El broche final lo ha
puesto el sencillo de su último disco "We are golden" y la archiconocida "Grace
Kelly", en la que el artista se mofaba de los críticos que lo comparaban con
Freddy Mercury y con la que se hizo con el número 1 de los principales mercados
europeos.
Un energético Mika que se encuentra en plena gira europea y que,
haciendo gala de un buen humor, ha comentado, medio en catalán, medio en
castellano, que ha llegado a Barcelona desde París en un taxi debido a la
cancelación de vuelos que estos días ha paralizado media Europa.