El joven de 25 años acusado de ser el autor del conocido como crimen de la PlayStation, Juan Ramón González Agrasar, apodado 'El Ruso', aseguró esta mañana que él no mató a su amigo Marcos Muñiz, sino que tan sólo fue a su casa "a intimidarlo y asustarlo" con el objetivo de que le devolviese los objetos de su pertencia que la víctima tenía en su casa, entre otros 400 euros en efectivo y una videoconsola.
Durante la primera jornada del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Pontevedra, el acusado negó que amenazase a la novia y a la hermana de la víctima para que ésta le devolviese sus cosas, sino que indicó que en los mensajes y llamadas que intercambiaron "tan sólo les reclamaba que me los devolviera o sino le iba a presentar una denuncia en el juzgado".
En su declaración ante el Tribunal, Juan Ramón González Agrasar reconoció que fue a casa de la víctima el día de su muerte, el 13 de junio de 2007, y que portaba un cuchillo "pero no tenía intención de matarlo", y que cuando bajó del coche "él ya empezó a golpearme y no me dio tiempo a decir nada, me golpeó con una barra de hierro y caímos al suelo, él encima mía".
Tras insistir en que él no apuñaló a la víctima, el joven, que huyó del lugar con dos cuchillos encima, el que ya llevaba y el que su hermana, que fue la persona que lo llevó hasta el el lugar de los hechos, había arrebatado a la madre de Marcos Muñiz, y que a pesar de que según la Fiscalía se encontraba ensangrentado, "yo no recuerdo si lo estaba, me lo llevé sin pensar y los tiré los dos al mar".
A pesar de que su hermana no está imputada como encubridora del crimen, fue ella, según declaró el acusado, quien le llevó a la casa familiar para que se cambiara la ropa ensangrentada por una limpia, e incluso la lavó para borrar los restos de sangre, que según su declaración "era sangre mía, porque durante el forcejeo me sangró la nariz y me hice una herida en un dedo".
En este sentido, la defensa de Juan Ramón González Agrasar pidió la libre absolución de su cliente, al asegurar que no cometió el homicidio, pero a continuación añadió que, en el caso de que se considere su culpabilidad, se le debería aplicar la eximente completa por encontrarse bajo los efectos del alcohol y las drogas, y por haber actuado en legítima defensa.
Fue el propio acusado el que reconoció que el día del crimen había estado toda la mañana "tomando chiquitas mientras esperaba a que mi hermana hiciera unos recados" y que bebía habitualmente "para ahogar las penas", tras lo que en ocasiones puntuales también consumía cocaína y hachís "porque es lo que me pedía la cabeza".
FISCALÍA NO LE CREE
A pesar de su declaración, el fiscal del caso, Benito Montero, mantuvo que Juan Ramón acudió a casa de su amigo, en donde se inició un forcejeo entre ambos, durante el cual el acusado habría esgrimido un cuchillo, clavándoselo en su costado izquierdo, a pesar de los intentos de la víctima de defenderse con una barra de plástico y de sus familiares, entre ellos su madre y su hermana, de separarlos.
Antes de su detención, Juan Ramón se habría desecho del arma del crimen, que según las investigaciones arrojó al mar en la zona del Museo-Molino de A Seca (Cambados), un arma que no pudo ser recuperada por la policía judicial, y según desveló la acusación particular, entre el acusado y la víctima ya había tenido lugar una pelea anterior que acabó a pedradas.
Por todo ello, la Fiscalía mantiene inicialmente la petición de quince años de prisión para Juan Ramón por un delito de homicidio y la obligación de indemnizar al hijo de la víctima, que aún no había nacido cuando falleció su padre, con 180.000 euros y a sus progenitores con 18.000 euros a cada uno, cantidades que la acusación particular eleva a 200.000 y 20.000 euros respectivamente.