Lou Reed ha querido aprovechar su visita a Mallorca en calidad de fotógrafo,
documentalista y músico experimental para honrar su fama de soberbio y
caprichoso: ha dejado plantados a los periodistas a los que había citado y ha
pedido langosta y una tumbona de masajes para el concierto de mañana.
El
hombre que al frente de The Velvet Underground abrió una fructífera brecha en el
rock en 1965 parece querer mantener viva la leyenda de geniecillo malhumorado
entre sus seguidores a través del testimonio de aquellos que desde anoche se han
visto sometidos a su arrogancia, trato bronco y demandas autoritarias.
Reed
se había comprometido con sus anfitriones, los organizadores del festival
Arternatilla y el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma, Es Baluard, a
dar una rueda de prensa a mediodía de hoy para la que estaban acreditados
sesenta periodistas de medios interesados en dar cuenta de la exposición
"Romanticismo", la tercera colección de fotos del músico neoyorquino.
Todo
estaba previsto según lo pactado con el entorno del artista, pero su séquito y
él llegaron anoche al museo, dos horas después de lo previsto, para poner los
puntos sobre las íes respecto a la presentación de las fotos.
Fuentes de Es
Baluard y de la promotora que ha programado la presencia de Reed en el festival
Alternatilla han explicado a EFE que al autor de "Take a walk on the wild side"
no le gustó el orden fijado para exponer sus imágenes infrarrojas de paisajes y
edificios y mandó modificar la serie usando para ello algún grito más de los que
les hubiera gustado aguantar a quienes cumplían sus deseos.
Pero estas
peticiones del artista se resolvieron sin demasiados contratiempos en
comparación con su otra exigencia: decidió que el auditorio de Es Baluard, del
que los organizadores ya le habían informado, no era el espacio adecuado para
proyectar "Red Shirley", su primer documental.
El viejo (68 años) rockero
estadounidense exigió otro lugar para mostrar la entrevista con su centenaria
prima Shirley Novick y Es Baluard puso a su disposición su sala Aljub, un varias
veces centenario aljibe del que le gustó el espacio, pero no el sonido.
Por
ello, para las proyecciones, que comenzarán esta noche tras la inauguración de
la muestra fotográfica, el monumental aljibe ha sido acondicionado a
contrarreloj con unas enormes cortinas y una alfombra que confieren al lugar un
sonido más del gusto de Reed.
Si el resultado final complace al creador, que
aún tiene previsto supervisarlo esta tarde, es posible que mantenga su
compromiso de asistir a la inauguración de la exposición, firmar ejemplares del
catálogo de "Romanticismo" y responder después a las preguntas de los
espectadores invitados a la proyección de su documental.
O no. Nada es seguro
con el cantante y compositor de Nueva York, que tras transmitir anoche sus
órdenes, ya en la madrugada de hoy, decidió que estaba muy cansado para asistir
a la rueda de prensa que debía protagonizar.
Más seguro parece que Lou Reed,
que ha escogido personalmente el hotel con vistas al mar donde se aloja junto a
siete u ocho acompañantes, asista mañana al concierto programado para las 21.00
horas en el teatro Principal de Palma junto a sus compañeros del Metal Machine
Trio, el conjunto de música experimental con el que está de gira por
Europa.
En su camerino, el artista dispondrá de lo que ha solicitado para su
avituallamiento: langosta, gambas y otros mariscos frescos, frutas, verduras y
bebidas, de lo cual podrá disfrutar sentado en el sofá o incluso recostado en la
tumbona de masajes que también ha pedido, demandas todas ellas no muy extrañas
para una figura de su renombre, según la promotora que ha tenido que bregar con
él.