La 55 edición del Festival de Eurovisión comenzará mañana con la primera
semifinal para elegir al ganador de 2010, un año en el que Europa Occidental ha
recuperado su calidad de anfitrión y vivido bajo la amenaza del volcán islandés
Eyjafjalla.
La organización de este certamen, que comparte la televisión
noruega NRK y la EBU (European Broadcasting Union), obligó hace días a las 39
delegaciones participantes a tener un plan alternativo para llegar a Oslo, en
una edición en la que España apuesta por "Algo pequeñito", de Daniel Diges.
Pero
entre los eurofans hay este año dos clases: los que están ya en Oslo porque para
ellos Eurovisión empieza el día de la "Welcome Party" -el pasado sábado- y los
que están temiendo que, por haber ajustado sus vuelos a la final -que se
celebrará el 29-, puedan perderse el que es para ellos el acontecimiento del
año.
"Seguimos, por supuesto en España, barajando incluso la posibilidad de
viajar por carretera, aunque apuraremos al máximo para poder volar a Oslo",
escribe un eurofan en uno de los foros más visitados.
Oslo, capital que no
llega a los 600.000 habitantes, ha vivido hasta el último momento el peligro de
una anunciada huelga de transportes, pero superado el escollo, sus residentes
están volcados en un evento que sigue levantando pasiones a pesar de que parecía
haber desplazado su epicentro de fanatismo al Este de Europa.
Y,
precisamente, la novedad de la primera semifinal que se celebra mañana es la
última medida -incluir a casi todos los países del Este y hacer así una criba-
para evitar este monopolio oriental en el Festival Europeo de la Canción,
financiado, al fin y al cabo, por el "big four" que componen Francia, Reino
Unido, Alemania y España.
Estos cuatro países pasan directos a la final del
día 29, al igual que el anfitrión, pero todavía quedan por elegir los otros 20
finalistas en las semifinales de mañana y el jueves en el Telenor Arena.
La
sobriedad del escenario en este estadio ha sido uno de los puntos flacos
señalados por los eurofans en esta edición, pero hablando ya de lo que importa
realmente, las canciones, el propio Daniel Diges reconoció en su tono siempre
amable: "Yo suelo ver la gala todos los años y este me parece que hay un nivel
muy bueno, ¡mecachis!".
Aun así, las protestas de los últimos años de los
eurofans volverá a repetirse: el nivel entre una semifinal y otra está muy
descompensado, siendo la primera -que es en la que España tiene derecho a
televoto- mucho más "fácil" que la segunda, donde se acumulan los favoritos
Dinamarca, Azerbaiyán e Israel.
Moldavia, Rusia, Estonia, Eslovaquia,
Finlandia, Letonia, Serbia, Bosnia Herzegovina, Polonia, Bélgica, Malta,
Albania, Grecia, Portugal, Macedonia, Bielorrusia e Islandia serán los países de
entre los que saldrán mañana los diez primeros finalistas.
La amplia
presencia de países del Este salta a la vista, una manera de equilibrar la
final, y parece que Bielorrusia es la que más gusta a sus fans con "3+2", una
versión espigada de Mocedades que canta "Butterflies".
También Portugal es
una de las favoritas de los sectores puristas con la joven Filipa Azevedo y su
balada clásica "Há Dias Assim" y con Islandia... habrá que ver si el volcán le
pasa factura.
El jueves las tintas van más cargadas: Azerbaiyán con su "Drip
Drop", de Safura, ha sido una de las canciones más elogiadas, aunque le sigue el
dúo danés Chanée y N'evergreen, que en "In a Moment Like This" despliegan un
número pirotécnico.
Israel con su fórmula "balada emotiva+chico guapo"
también ha ganado adeptos con Harel Skaat y "Milim", mientras Irlanda, el país
con más victorias eurovisivas, intentará superar su propio récord con una
cantante que ya ganó en 1993: Niamh Kavanagh, que lo volverá a intentar con su
balada "It's For You".
Finalmente, hay que mencionar al grupo de Lituania,
InCulto, que no sólo ofrece uno de los números más dinámicos en esta edición de
ritmos lentos con "Eastern European Funk", sino que uno de sus cantantes, Jurgis
Didziulis, habla un español perfecto porque nació en Colombia.