Los forenses que evaluaron el estado de Jaime Maiz, el guardia civil que mató a su ex pareja en el interior del cuartel de Cambados, aseguraron hoy que “estaba en plenas facultades” en el momento del crimen, y que “no tenía alteradas sus facultades mentales, ni condicionada su voluntad”, ni por el efecto del tratamiento contra la depresión que aseguró estar recibiendo ni por el consumo de alcohol que había efectuado esa noche.
En la segunda jornada del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Pontevedra, los forenses indicaron que Jaime Maiz no presentaba síntomas de embriaguez, a pesar de que haber dado 0,86 en el control de alcoholemia que le realizaron tras su detención, ya que explicaron que “no había alteración en el habla, en la coordinación o en la marcha”, a pesar de reconocer que sí había consumido bebidas alcohólicas.
“Muy afectado no podía estar”, explicaron las dos forenses que realizaron el informe sobre su estado, ya que recordaron que el acusado condujo su coche hasta la casa de la víctima, posteriormente hasta la casa de la amiga que la acompañaba y por último lo llevó de nuevo al cuartel, y que durante la realización del examen médico “se acordaba de todo lo que había hecho”.
Calificaron como “muy significativo” de la capacidad que tenía en ese momento el hecho de que corrigiera la trayectoria del arma que iba a disparar cuando se dio cuenta de que estaba apuntando a otro guardia civil y no a su ex pareja, ya que “si realmente una persona se da cuenta de eso, es que controla”, reiterando los forenses que ese movimiento es “un indicativo neurológico de que “no tembló y los reflejos le respondieron”.
Por su parte, los psicólogos que lo trataron por diferentes bajas médicas relacionadas con un trastorno adaptativo, vinculado según los expertos a una mala relación de pareja anterior a Mari Luz Posse, calificaron de “impulsivo, impertinente y verbalmente agresivo” al acusado, pero insistieron en que en el momento del crimen “estaba perfectamente bien y en plenas facultades y no existía un peligro aparente en su conducta”.
Estos argumentos rebatieron la tesis de la defensa, que mantenía que Jaime Maiz no era consciente en el momento de apretar el gatillo de la pistola contra Mari Luz Posse, porque estaba bajo la influencia de bebidas alcohólicas y de los problemas psíquicos que tenía, circunstancias que no le permitían recordar haber ido a por la pistola y haber apuntado a la víctima, hasta que escuchó el ruido del disparo y se vio con el arma en la mano.
En el juicio de esta mañana se vivieron momentos de especial crudeza cuando los miembros del jurado tuvieron que visionar las fotos de la autopsia de la víctima, que demuestran que el disparo fue hecho en la cabeza y a menos de dos metros de distancia, falleciendo en el acto, así como también diversas imágenes del escenario del crimen, sobre las que los agentes de la Guardia Civil fueron explicando su actuación.
Además, vieron un vídeo de quince minutos de duración que fue grabado por las cámaras de vigilancia del cuartel de la Guardia Civil de Cambados en el momento del crimen y en el que se ve al acusado disparando a la víctima. La crudeza de las imágenes obligó a hacer un receso en la vista oral, ante los notables gestos de desagrado del jurado y de las muestras de tristeza de amigos y familiares de Mari Luz Posse, que por segundo día asistieron al juzgado.
El jurado popular se reunirá a partir de mañana, después de que las partes expongan sus conclusiones definitivas, para llegar a un veredicto.