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José Manuel López García
Internacional

El conservador Shinzo Abe toma las riendas de Japón

26-09-2006

Shinzo Abe se convirtió en el primer ministro más joven de Japón tras la II Guerra Mundial, tras salir elegido con holgura en la Cámara de Diputados y seguidamente ser ratificado por el Senado. Considerado un "halcón" por sus principios conservadores y apodado "el príncipe" por sus modales, Abe, de 52 años, ha tomado el relevo del reformista Junichiro Koizumi, quien ocupó la Jefatura del Gobierno durante los últimos 5 años y medio. Shizo Abe pertenece a una poderosa dinastía de políticos que arranca a comienzos del siglo pasado, al ser nieto del que también fuera primer ministro Nobusuke Kishi e hijo del también fallecido ex ministro de Exteriores Shintaro Abe. La votación en el Parlamento nipón fue un trámite puesto que las dos cámaras están dominadas por la coalición que lidera el Partido Liberal Demócrata (PLD). En la Cámara de Diputados, Abe obtuvo 339 votos de los 446 emitidos, uno de ellos anulado, frente a los 115 que logró Ichiro Ozawa, líder de la principal fuerza de la oposición, el Partido Democrático (PDJ). A pesar de que la Constitución japonesa da prioridad al resultado de la Cámara Baja, el Senado también emitió su veredicto y otorgó 136 votos de los 240 a Abe. El resto se repartió entre Ozawa, que logró 85, y los otros tres candidatos de partidos minoritarios. Tras realizar una visita protocolaria ante el emperador, Akihito, Abe ofreció su primera rueda de prensa como primer ministro en la que abogó por acelerar las reformas estructurales, además de señalar como una de sus prioridades mejorar las relaciones con sus vecinos asiáticos. Para retomar el legado de reformas de Koizumi, uno de los políticos más carismáticos que ha tenido Japón y que dejó al país en la senda de la recuperación económica, Abe confía en Hiroko Ota, a quien ha encomendado la cartera de Política fiscal y económica. Más cercana al mundo académico que al político, Ota, de 52 años, fue directora general de investigación económica en el anterior Gobierno, al servicio del entonces ministro, Heizo Takenaka, considerado como el arquitecto de las reformas económicas de Koizumi. En el plano de la política exterior, a Abe le toca lidiar con la pesada herencia de su antecesor. Las visitas de Koizumi al santuario de Yasukuni, que honra a los caídos en conflictos bélicos, entre los que figuran criminales de guerra niponas, han levantado ampollas en los países que sufrieron las atrocidades cometidas por el ejército imperial a comienzos del siglo pasado, China y Corea del Sur en especial. El encargado de curar esas heridas será Taro Aso, como Ministro de Asuntos Exteriores, el único de los 17 miembros del anterior Gabinete que continúa en su puesto. "En el Ministerio vamos a hacer todo lo posible para concertar una cumbre entre el nuevo primer ministro Abe y el presidente chino Hu Jintao", afirmó Aso, de 66 años, también nieto de un antiguo primer ministro, Shigeru Yoshida. Tanto el mandatario chino como el surcoreano, Roh Moo Hyun, se negaron a reunirse con Koizumi mientras éste no se comprometiera a suspender sus visitas al controvertido santuario sintoísta. Aso se mantiene en su cargo después de haber perdido ante Abe las elecciones internas a la presidencia del PLD. El sustituto de Shinzo Abe como secretario jefe del Gabinete y ministro Portavoz será uno de sus colaboradores más cercanos en los últimos años, Yasuhisa Shizoaki. Este antiguo empleado del Banco de Japón, de 55 años, considerado como un especialista en asuntos financieros, será la mano derecha de Abe y la cara del Gobierno en ruedas de prensa diarias. Al frente de la Agencia de Defensa, con rango de Ministerio, se ha situado Fumio Kyuma, de 65 años, cartera que ya ocupó entre 1996 y 1998, en la que trabajó para reforzar las líneas de cooperación entre Japón y EEUU, su gran aliado. Una de las intenciones de Abe es precisamente reformar en un plazo de cinco años la Constitución pacifista japonesa, promulgada en 1947, para poder contar con unas fuerzas armadas con el estatus de Ejército. El mandatario nipón afirmó recientemente que quiere una nueva Carta Magna para un nuevo Japón "liberado del lastre de su régimen posbélico", más acorde con su posición de segunda potencia económica del mundo. Un propósito al que sus vecinos de Asia se oponen, al traerles muy malos recuerdos.





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