Luiz Inácio Lula da Silva, el primer obrero que llegó al poder en Brasil, gobernará el país hasta el 2010 tras ser reelegido para un segundo mandato de cuatro años. Con un 99,62% del censo escrutado, Lula tenía un 60,80% de los votos válidos, contra el 39,20% conseguido por su rival, el socialdemócrata, Geraldo Alckmin. El "día después" de los comicios fue de resaca en Brasilia, a donde el presidente llegó procedente de Sao Paulo y donde fue recibido por cientos de personas que le siguieron en caravana desde el aeropuerto hasta su residencia oficial. Lula casi no habló con los periodistas, aunque detuvo su coche frente a la residencia para saludar a sus partidarios y agradecer el enorme caudal de votos recibido. Quienes sí hablaron fueron sus ministros, que anunciaron que la búsqueda de crecimiento económico sin cambios bruscos y el mayor consenso político posible son desde hoy las principales metas del presidente brasileño. Según fuentes oficiales, Lula dedicó el día a hablar por teléfono con varios de los gobernadores elegidos en los comicios del domingo, a fin de comenzar a afinar la coalición que pretende formar para su segundo gobierno, que comenzará el 1 de enero próximo. Sobre los planes de Lula para su próximo mandato, el ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro, reiteró que la intención es formar un gobierno amplio. Genro dijo que, a diferencia del primer mandato, cuando la mayor carga de las negociaciones para formar gobierno la llevó el Partido de los Trabajadores (PT), ahora Lula se ocupará "personalmente" de ese diálogo. Lula "no delegará nada" en lo relativo al próximo gabinete, que pretende incluir a representantes del mayor número de partidos posible, explicó Genro, que dijo que Lula llevará el proceso con calma, pues tiene tiempo hasta el próximo 1 de enero, cuando comenzará su segundo mandato. Aunque el ministro no lo confirmó, sus declaraciones y las de otras personas cercanas a Lula reafirman que la presencia del PT en el nuevo gabinete se reducirá significativamente. El PT, fundado por Lula en 1980, fue el eje de todos los asuntos de corrupción ventilados durante el último año y medio y acabó siendo un "dolor de cabeza", como el propio presidente lo definió hace dos semanas. Según Genro, el PT deberá ser "refundado", "renovado" y recuperar la condición de "referencia ética" que fue hasta que Lula llegó al poder. Sin embargo, pese a sus críticas, dijo que el PT "se recuperará" y mantendrá un espacio "muy importante" en el espectro político brasileño, como defensor de "ideas progresistas" y en la búsqueda del "socialismo democrático". En lo económico, Genro explicó que el propio Lula ha fijado para el año próximo una meta de crecimiento del 5% y que ahora se abrirá una etapa de profundización de los planes sociales y de los proyectos para una mayor y mejor distribución de renta. En un sentido similar se expresó el ministro de Hacienda, Guido Mantega, quien precisó que se desarrollará una política económica más "desarrollista" y orientada a impulsar el crecimiento. "Pero será una continuación del primer gobierno, sólo que dentro de una nueva fase", aclaró Mantega. Según el ministro, la política económica de los últimos cuatro años fue dirigida a lograr estabilidad y equilibrio y a recuperar la confianza de los mercados internacionales. Conseguidos esos objetivos, ahora se entrará en una nueva fase, con "crecimiento más intenso, más vigoroso y con más generación de empleo, que será el tono del próximo gobierno", vaticinó Mantega, quien al igual que Genro no supo decir si seguirá en su puesto a partir de enero próximo. Colaboración con España Por su parte, el jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, envió un telegrama de felicitación a Luiz Inácio Lula da Silva por su victoria en las elecciones presidenciales brasileñas y en el que le expresa su deseo de mantener la cooperación estratégica entre ambos países.