Dos de los candidatos más conocidos fuera de EEUU, Hillary Clinton y Arnold Schwarzenegger, han revalidado sus puestos, senadora y gobernador, respectivamente, con una amplia mayoría de votos. Así, Hillary Clinton ha cubierto con éxito la penúltima etapa de su intento de ascender a la cima del poder en EEUU. La mujer del ex presidente Bill Clinton renovó su puesto como senadora por el Estado de Nueva York y se acercó un poco más a su meta, no confesa por ella pero asumida por los demás, de convertirse en el 2008 en la aspirante demócrata a la Casa Blanca. "La gente ha expresado que quiere un cambio de rumbo, un nuevo amanecer", afirmó Hillary Clinton tras vencer en una cita electoral que puede haber sido la última a la que concurre antes de ser la primera mujer que pugna en las urnas por la presidencia del país. El siguiente asalto en el camino de Hillary es la nominación del candidato demócrata en las próximas elecciones presidenciales, un proceso que comenzará de manera soterrada a partir de mañana, cuando tendrán que empezar a mostrar sus cartas todos los aspirantes. Un antiguo protegido de los Clinton, Barak Obama, senador por Illinois, de 41 años y de raza negra, aparece en las quinielas locales como el principal adversario en ciernes de Hillary, cuya supremacía en el campo demócrata era absoluta hasta la fecha. Aplastante victoria en California Por su parte, Arnols Schwarzenegger, con su reelección como gobernador de California para los próximos cuatro años, ha dado otro paso adelante en una extraña carrera política por la que no mucho tiempo atrás nadie apostaba nada. Con su apabullante victoria frente a su rival, el tesorero del estado de California Phil Angelides, el ex actor resurge tras el desastre del año pasado, cuando fracasó en un referéndum especial que parecía vaticinar el final de su aventura política. Pero, al igual que en su querido filme "Terminator", el ex culturista parece capaz de renacer de sus cenizas cuantas veces haga falta, impulsado por su enorme ambición, don de gentes y campañas espoleadas por decenas de millones de dólares, en muchos casos procedentes de su propio bolsillo. Su "glamour" de estrella de Hollywood le ha asegurado un espacio en los programas televisivos de máxima audiencia, lo que ha sido su principal arma en las campañas electorales y la envidia de sus no tan vistosos contrincantes. Schwarzenegger ha sido el gran ganador en unas elecciones en las que los republicanos, sus compañeros de partido, se han dado un gran batacazo.