La conselleira Caride está en horas bajas y parte de culpa la tiene su jefe de gabinete, un iluminado que debe creerse Dios o la mamá de Tarzán. Quiso sentar cátedra y dar lecciones magistrales al propio Riera en la visita de la conselleira a Citroen. D. Javier tuvo que morderse la lengua para no dejar en ridículo a tamaño insensato. Con asesores así no sería extraño que la señora Caride volviera a casa por Navidad, como El Almendro. Ya me entienden.