En cuanto a los múltiples tipos de realismo en filosofía, es preciso señalar que responden a un interés por poner de relieve que la realidad no es una construcción del pensamiento. Para Platón la verdadera realidad está más allá de las formas o ideas perfectas, eternas e inmutables del mundo inteligible. Que las cosas sensibles sean imperfectas y estén sometidas al inexorable transcurso del tiempo no justifica la búsqueda de un mundo ideal del que serían un reflejo incompleto. En este sentido, la filosofía platónica niega la validez del realismo ontológico. Desde la perspectiva de Platón, sólo es pensable como verdadero el realismo de las ideas. Pero, sucede que estas no son la representación abstracta de las cosas reales y no poseen una existencia real o material captable a través de la percepción. En cambio, su discípulo y amigo Aristóteles, que fue un científico, estableció que la realidad material existe independientemente del pensamiento. Por tanto, las esencias, ideas o formas existen en las cosas mismas. El realismo aristotélico afirma que solo existe el mundo sensible y no el inteligible o de las ideas. Además, desde el planteamiento ontológico del Estagirita la realidad es accesible a la razón y la experiencia. Es la confirmación de un realismo empirista en toda regla. Es lo que hace avanzar el conocimiento de la ciencia. Respecto al realismo tomista se inscribe en una tradición ontológica y teológica influida por el aristotelismo que vincula realidad, conocimiento y fe.
El filósofo británico Roy Bhaskar, fallecido en 2014, fundó durante su trayectoria académica el realismo crítico, una corriente que pretende superar dos concepciones que, a su juicio, empobrecen la epistemología o teoría del conocimiento y la filosofía de la ciencia: el positivismo empirista y el idealismo constructivista. Sostiene que el acceso al conocimiento de la realidad es mediado y falible. Bhaskar distingue tres niveles: lo empírico, lo actual y lo real. Lo empírico corresponde a la experiencia y a los datos observables; lo actual a los acontecimientos que ocurren con independencia de que sean observados o no y lo real, al nivel más profundo, constituido por estructuras y poderes causales. Desde su perspectiva el mundo es más profundo de lo que parece. De lo que se trata, por tanto, es de aproximarse críticamente a la realidad, sin confundirla con las propias construcciones mentales con las que se investiga. En la filosofía de Xavier Zubiri la realidad se impone sensiblemente antes de cualquier tipo de conceptualización. Por tanto, no es una construcción del pensamiento o la reflexividad humana. El tipo de realismo que establece la filosofía zubiriana es radical, ya que la realidad precede a la cognición.
Es un realismo que analiza ontológicamente la realidad. Existen otros tipos de realismo en la actualidad. Como el de John Gray que establece que la realidad humana está marcada por fines, conflictos y repeticiones. Es un realismo antropológico que enfatiza la independencia de lo real frente a las esperanzas humanas. Uno de los ejes de la filosofía de Gray es su visión trágica de la naturaleza humana. Desde su perspectiva, la política no puede aspirar a crear sociedades perfectas, sino a gestionar conflictos y limitar daños. En relación con el realismo reflexivo del filósofo británico Adrian Moore, se plantea la necesidad de dar sentido al mundo y a la realidad en su conjunto. Accedemos a la realidad a través de la reflexión. Se percibe en este enfoque una influencia kantiana, pero sin caer en un formalismo rígido.
Otro pensador que es Moreno Claros insiste en que es necesaria la precisión, el rigor semántico y la responsabilidad en el decir. La reflexión crítica es indispensable para el rechazo de la superficialidad, la aceleración y la pérdida de referentes sólidos en el conocimiento y la cultura.
En lo referido al realismo digital o virtual, es evidente que se generan entornos cada vez más verosímiles que erosionan la distinción entre realidad efectiva y simulación. Cuando lo virtual se experimenta como algo plenamente real, se debilita el criterio ontológico que permite diferenciar lo que existe de lo que solamente aparece. Se produce un debilitamiento de la acción real. Ya que cuando la satisfacción simbólica ofrecida por lo virtual sustituye la acción efectiva, se actúa menos en el mundo real, porque se experimenta una falsa plenitud creada en el espacio digital.
La distancia virtual puede banalizar el dolor, la violencia o la muerte, al presentarlos como reversibles, debilitando la conciencia ética del daño real. Además, el peligro del realismo digital radica en cómo preservar la primacía de la realidad existencial frente a simulaciones cada vez más perfectas, que pretenden suplantarla no solo en la experiencia, sino en el mismo sentido de lo real. Es detectable un desplazamiento de la responsabilidad digital, ya que la habituación a entornos donde las consecuencias son reversibles o anulables debilita el sentido de responsabilidad frente a los actos reales, que son irreversibles y generan efectos duraderos. Parece absolutamente necesario otorgar un mayor valor a la presencialidad real en el ámbito humano. Ver video
José Manuel López García