En una noche abrileña, cuando eran apenas las diez de la noche, hacía un calor sofocante, y en casa de Karina todos descansaban, excepto ella, se encontraba viendo un programa televisivo «Las noches oscuras y el terror». Karina decidió apagar la televisión, estaba exhausta y al final se quedó dormida.
Como a las tres de la madrugada, Karina se despertó alterada, a su marido le asustó verle acongojada, y le preguntó qué le pasaba, ella le comentó que había tenido un terrible sueño.
-¿Cuál fue ese sueño extraño que ha perturbado tu descanso?
-Estaba soñando que nos encontrábamos en época de recesión, que nos andaban buscando, y que cierta tarde, como a las seis, nos encontrábamos en una casa esquinera, que en su exterior tenía una acera alta, entonces se presentaron unos hombres armados, en compañía de una mujer que vestía un uniforme color gris oscuro.
-Venimos a ajusticiar a este subversivo- continúa contando-, entonces, me alteré, solo vi que te sacaron y te inyectaron una sustancia en el cuello, luego bajaron un ataúd que se encontraba en el camión, era de losetas delgadas, de concreto, estaba aterrorizada y vi como la mujer te introdujo en el ataúd con las manos atadas con una cadena, posteriormente me aterré aún más, cuando la mujer sacó un canalete con mezcla de concreto y empezó a colocarla como una paleta de acero alrededor del ataúd, con el fin de sellarle los bordes, yo quedaba viendo a la mujer, como suplicando por tu vida, no hablaba, el temor se había comido mi voz, solamente le quedaba observando con ojos interrogadores, como queriéndole decir, por favor, no seas cruel, déjalo vivir que nadie se va a enterar.
La mujer quedó observando mi rostro de aflicción y mis reproches y me expresó entre dientes, como queriendo esconder sus palabras de los hombres armados, no se preocupe todo va a estar bien. Acto seguido subieron el féretro y se lo llevaron.
Lógicamente, me quedé estupefacta, como queriendo preguntar: ¿Qué hago? Solamente rememoro que seguir a aquel camión desvencijado, que iba desplazándose lentamente y con suerte solo fueron unas cuadras, entró en un predio vacío y montoso, al fondo un galerón enllavado, me escondí para que no me vieran y aguardé la oportunidad, vi un lugar semioscuro, no podía apreciar mucho desde donde me encontraba.
Bajaron el ataúd y lo metieron, cuando los armados se marcharon con la mujer, dejaron el camión a buen resguardo detrás de unas ruinas, entonces, a las horas ya estaba el patio oscuro, solo una bujía en la entrada de la puerta, cuando estuve segura que se habían marchado, me dirigí a la puerta del galerón, a primera vista pude apreciar que tenía puesto un candado grande, me acerqué hasta que logré tocar el candado y no estaba enllavado, primero pensé: Que era una trampa, pero estaba decidida y le quité y penetré al galerón, había poca luz; cuando estuve adentro vi varios ataúdes bien sellados con concreto en sus bordes, también vi el que acababan de introducir, pues el concreto todavía estaba fresco, de un lado un respiradero, procedí a remover la cubierta y fue más grande la sorpresa, al ver que todavía estaba vivo, sin ataduras y respirando con dificultad.
Le ayudé a salir, luego nos marchamos en rumbo fijo, sólo queríamos huir, escondernos, al final, me veo en un camino contigo, agarrados de la mano y caminando a orillas de unos predios.
-¿Qué te ha parecido el sueño?
-Inusual por supuesto, venme a mí, que también sudo y me imagino atrapado en la estrechez de un ataúd.
Bayardo Quinto Núñez