11-12-2007
Tres agentes de Policía han afirmado que la vecina de Carballo (A Coruña) acusada de envenenar a su suegra confesó de forma espontánea ser la autora del crimen, aunque lo hizo antes de que se le pudiera tomar declaración de manera oficial, debido al estado de nerviosismo en que se hallaba la mujer.
Olga Cotelo se enfrenta a 17 años de cárcel por el asesinato, en enero de 2006, de su suegra de 92 años, Jesusa Souto. El fiscal la acusa de haber añadido un plaguicida altamente tóxico al jarabe que tomaba la víctima. Según la acusación, la presunta asesina puso el veneno en dos de los tres frascos de medicamento que se habían adquirido para su suegra y que hizo llegar a una de las hijas de ésta, con la que estaba pasando unos días con motivo de las fiestas navideñas.
En la segunda sesión del juicio, el inspector de la Policía e instructor del atestado sorprendió a la sala con una declaración novedosa. Según su testimonio, el marido de la acusada e hijo menor de la víctima le comentó al agente que su mujer estaba pasando una época muy mala, que estaba mal de los nervios y que aquélla ?tenía miedo de que hubiese ocurrido un accidente?. El policía añadió que el esposo de la procesada le había preguntado qué podría pasar en ese caso y si necesitaría asesoramiento legal.
Esta conversación se produjo dos días después del ingreso de la anciana en el hospital Juan Canalejo de A Coruña, cuando el marido de Olga Cotelo decidió llevar a los médicos el envase del plaguicida que supuestamente había utilizado su mujer, para tratar de salvar a su madre. Por entonces, la acusada ya habría confesado a su esposo y a su hija ser la autora del envenenamiento y la Policía ya conocía que se habían detectado sustancias tóxicas en los análisis de sangre efectuados a la enferma desde su ingreso.
Ya en marzo, y después de conocerse el resultado de las pruebas toxicológicas, los agentes tomaron declaración a todos los familiares de la fallecida. Olga Cotelo, presa de un gran nerviosismo, ?sollozaba sin parar y decía que no quería hacerle daño a su suegra, y que su marido y su hija ya la habían perdonado?, relató el inspector.
En vista de que no se podía tomar declaración a la mujer, y en previsión de que su estado anímico empeorase, la jueza instructora la remitió a la psiquiatra.
Uno de los agentes que custodiaba a la procesada durante el examen psiquiátrico ha afirmado que oyó decir a la mujer que no quería hacerle daño a su suegra y que, entre sollozos, había confesado ante la psiquiatra que, sin saber por qué, le había echado al jarabe un producto de sulfatar. La otra agente que se encargaba de custodiar a la detenida ha puntualizado que esta confesión se efectuó de forma espontánea.
Olga Cotelo se ha acogido a su derecho a no someterse al interrogatorio de la acusación. Con expresión vacilante y sin entender aparentemente las preguntas que le dirigía el juez y su propio abogado sobre si deseaba declarar, la mujer sólo ha acertado a negar con un ?yo de eso no sé nada? los hechos que se le imputan.
Purificación Vila, la hija que, ignorando el contenido real del envase, le administró el medicamento manipulado a su madre, ha explicado que no sabe si el frasco estaba ya desprecintado cuando lo abrió por primera vez. Sí ha puntualizado que, al destaparlo, le ?olió fuerte?, igual que el contenido de otro de los frascos, y que lo atribuyó a la que el fármaco estaba demasiado concentrado. Por esta razón, decidió darle a su madre sólo la mitad de la dosis acostumbrada, pero que fue igualmente mortal.
Según su testimonio, a los pocos minutos, la anciana empezó a sufrir vómitos y parálisis en las piernas. Decidieron entonces avisar al médico, que decidió el traslado de la enferma al hospital. ?Enganáronme a min e a mamá?, ha afirmado su hija.
El médico que acudió al domicilio ha reconocido que el jarabe ?tenía un color raro?. La hija y el marido de la acusada optaron por no declarar.
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