"Era o seu destino, pero hoxe non podían estar no mar". Rosa, la mujer de un marinero jubilado de Ribeira, lamentaba al mediodía el naufragio del "Cordero". A medio camino entre la resignación y el enfado, los vecinos del municipio, que toman café en bares próximos a la lonja como O Bahía y O Peirao, criticaban la actitud del armador de la embarcación, "porque el está na terra dando ordes, son outros os que saen ao mar". En la escuela de Náutica, varios vecinos de los afectados por el accidente hablaban de una realidad que todos conocen en la costa gallega: "Hai rapaces autónomos que non gañan máis de seiscentos euros ao mes e se non faenan non cobran". Esta situación laboral explica la masiva llegada de trabajadores extranjeros para trabajar en barcos gallegos. Chilenos, peruanos, indonesios... La lonja de Ribeira es una torre de babel en la que sólo sobreviven algunos gallegos. "Eu son de aquí, e son amigo dos que morreron, pero xa lles diciamos que non estaba o mar para andar por aí", afirmaba Jesús Puente en el puerto. En la Casa del Mar, una bandera blanca con un enorme crespón negro ondeaba desde las diez de la mañana, cuando ya se desvanecían las esperanzas de encontrar con vida a alguno de los desaparecidos. Las versiones sobre lo ocurrido eran muy diversas, pero a las familias de los marineros les molestaban las oficiales: "Din que chocou con algo para cobrar o seguro e non meterse en líos". A las dos de la tarde, la preocupación se trasladaba hacia las embarcaciones que colaboraban en las labores de búsqueda de los desaparecidos, por lo que el anuncio de que se daba por concluido el rastreo alivió a los ribeirenses que tomaban café cerca del puerto después de los telediarios. El luto continuará en los próximos días.