El Confidencial
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José Manuel López García
Ernesto González Valdés

La Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica se hace notar en Meirás

09-08-2008

Alrededor de un centenar de personas, sin contar con los curiosos que merodeaban por los alrededores, se congregaron frente a la entrada principal del Pazo de Meirás a partir de las 6 de la tarde del viernes. A las 8 se casaba Leticia Giménez-Arnau Martínez-Bordiu, bisnieta del dictador Francisco Franco. Pero una hora antes se preparaba otra fiesta fuera, la anunciada durante semanas como la contraboda. La Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica llevaba anunciándola desde que Cultura abrió el proceso de declaración de las Torres de Meirás como Bien de Interés Cultural (BIC) Para ellos que el pazo abra sus puertas cuatro días al mes no es suficiente. Reclaman la devolución al pueblo de A Coruña, quien se lo regaló en 1938. Un regalo forzado, dicen, ''a través de un auténtico impuesto revolucionario que se cobró a trabajadores y funcionarios, descontando una cantidad de sus nóminas'', que disfrazaron como suscripción popular. El aluvión de medios de comunicación que la boda de la bisnieta de Franco atraería a Meirás les brindó la ocasión perfecta para llevar a cabo su reivindicación de la forma más festiva y efectista posible. Una ''contraboda'' amenizada por la charanga Os Maracos y escoltada por la mismísima Guardia Mora. A las 7 de la tarde llegaban al pazo Francisco Franco y la novia, en sendos Rolls Royce nupciales y un jeep militar con un cartel que rezaba ''Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita''. Escoltados por la Guardia Mora ?en realidad todos integrantes de la charanga- , Franco y su bisnieta bajaron del coche y saludaron a la multitud enfervorecida con el tradicional saludo fascista. Y al igual que si de un enlace real se tratara, todos los medios buscaban la mejor foto de la contrayente y las palabras del Generalísimo. Sin embargo eran las palabras de este último las que denotaban la diferencia con la realidad. ''Este fue un regalo que me hizo A Coruña'', dijo, ''ahora es el momento de que se lo devuelvan al pueblo. Yo aquí ya no voy a celebrar más Consejos de Ministros''. Meirás recordaba otros tiempos y aplaudía emocionada al dictador. Incluso los 'falsos invitados' iban de punta en blanco. Mujeres con mantilla, pamelas con lazos y tocados con los colores de la bandera republicana dejaban constancia de que allí se celebraba algo bastante diferente a lo de dentro. Pero tampoco aquí faltaron las viandas. Los asistentes al bodorrio, miembros de la Comisión y, sobre todo, muchos curiosos, pudieron degustar empanada, tortilla, patatas fritas y vino. Manjares seguramente mucho más sencillos que las que se degustarían tras la verja de hierro del pazo ? y que, por cierto, no dejaban de entrar, furgoneta tras furgoneta- pero que sirvieron para coronar el ambiente festivo que reinaba. Y es que se trataba de un día de fiesta para todos, aseguraba Manuel Monge, portavoz de la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica. Altavoz en mano y con una hortensia en la solapa ?la flor preferida del dictador, con la que se adornaban las cunetas de Meirás para recibirlo en sus veraneos- Monge explicaba que su intención no era ofender a los verdaderos novios ni aguarles el día. Al contrario, les desean toda la felicidad. Pero mientras el pazo no sea devuelto al pueblo ''la familia Franco no será bien recibida en Sada''. Previamente la Comisión había entregado a los invitados que iban llegando a la boda en sus coches unos folletos en los que exponían su reivindicación y argumentos. Después de la charanga hubo tiempo también para recordar los motivos que les llevaban allí. Manuel Monge exigió ''el pazo para el pueblo'' y recordó que en ningún país de Europa los dictadores fascistas y sus familias conservaban aún las propiedades robadas al pueblo durante sus mandatos. ''Ganamos la batalla del Juan Canalejo y ganaremos la de Meirás'', sentenció envuelto en vítores y aplausos. Como siempre ocurre en este tipo de manifestaciones, no todo el mundo estaba de acuerdo al 100 % con el discurso. En grupos apartados algunos miembros de la Guardia Mora decían que a Monge se le había ''ido la pinza'' al hablar del cambio de nombre del hospital coruñes. ''Aquí vamos a lo que vamos y estamos a lo que estamos'', opinaban. Aún así, nada logró empañar la felicidad de la novia. Al menos de la que se quedó de puertas para fuera, aferrada al brazo de su resucitado bisabuelo. A la de verdad no se le vio el pelo. En Meirás, 33 años después de la muerte de Franco, y con el pazo aún sin declarar como BIC, todavía existe una gran reja de hierro que deja claro quién entra y quién no.





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