Casi 40 años después de la última visita humana, la Nasa ha vuelto a poner sus
ojos en la Luna, donde ha iniciado la búsqueda de sitios para crear en el futuro
un asentamiento humano que permita hacer escalas en viajes más lejanos.
"El
deseo de explorar, conocer y comprender es parte de nuestro carácter", dijo en
enero de 2004 el presidente George W. Bush cuando anunció los planes para un
retorno de astronautas al satélite, que no ocurriría antes de una década. "No
sabemos adónde concluirá esta aventura", añadió Bush. "Lo que sí sabemos es que
los humanos están rumbo al cosmos".
Con estos planes, la Luna -que orbita a
una distancia promedio de 384.000 kilómetros de la Tierra- vuelve a estar en los
planes de la NASA, como hace 40 años, cuando el hombre puso su pie por primera
vez sobre su superficie.
La exploración lunar tuvo su clímax entre 1969 y
1972, cuando el satélite recibió la visita de trece astronautas. Desde entonces,
la Luna no ha recibido visita humana, aunque ahora hay un renacido interés por
conocer mejor su superficie polvorienta, donde se cree que podría haber
agua.
El primer paso de este nuevo interés ocurrió el pasado mes de junio,
cuando se colocó en la órbita lunar la nave robótica Lunar Reconnaissance
Orbiter (LRO), con la misión de buscar agua y posibles puntos para el descenso
de cápsulas que transporten astronautas, y para crear asentamientos.
La LRO,
que ya ha empezado a enviar imágenes a la Tierra, explorará los cráteres más
profundos de la luna, sus regiones bajo la luz del Sol y las que están
permanentemente en la sombra y los efectos de la radiación sobre los seres
humanos. También tratará de confirmar la presencia de agua y de elementos
minerales que pudieran sustentar durante un tiempo prolongado la presencia del
hombre en la Luna.
La sonda LRO y la cápsula LCROSS (Lunar Crater Observation and Sensing
Satellite), que le acompañó en la partida desde la Tierra hace unas semanas,
constituyen la primera avanzadilla para el retorno del hombre a la Luna,
previsto para después de 2020.
El propósito de una aventura tan costosa -se
calcula que el primer retorno humano a la Luna supondrá el desembolso de unos
105.000 millones de dólares- es la explotación de los recursos naturales que los
científicos creen que allí existen, y el establecimiento de un trampolín para
los viajes a Marte.
La continuación de la aventura humana más allá de la
Tierra y hacia Marte requerirá que los astronautas sobrevivan de uno a tres años
en sus naves, sin gravedad. La permanencia por largos períodos en naves, que ya
han experimentado decenas de astronautas de EEUU, Rusia y otros países, se hará
más amplia con una base en la Luna.
Esta nueva etapa de exploración y la
eventual colonización de la Luna requerirán, paradójicamente, un retorno a la
tecnología de propulsión que se usaba hace cuatro décadas. Inevitablemente se
dejarán de lado las misiones enfocadas en la Estación Espacial Internacional,
que orbita a unos 385 kilómetros de la Tierra.
Ninguno de los cohetes que
tiene ahora Estados Unidos dispone de la potencia necesaria para impulsar algo
tan grande y pesado como las viejas cápsulas Apolo. En la década de 1960 se
necesitaban cinco años para el desarrollo de los enormes cohetes Saturn. EEUU
no ha necesitado algo con tal potencia desde 1972, porque se necesita mucho
menos impulso para poner en órbita satélites comerciales y militares.
Los
cohetes desechables más poderosos que tiene ahora EEUU son el Atlas 5 y el Delta
4, cada uno de los cuales podría levantar aproximadamente la mitad del peso
necesario para una misión humana a la Luna. Por ello, la NASA planifica las
nuevas misiones con cohetes de varias fases.
Al mismo tiempo Estados Unidos,
que dejará de usar sus transbordadores espaciales en 2010, ha iniciado el
desarrollo de un nuevo "vehículo para tripulación exploradora", parecido a las
viejas cápsulas Apolo pero más liviano y que podría estar listo para llevar
astronautas a la Luna después de 2015.