No defraudó el "Boss" en Santiago, pero sí la organización. Las dificultades para acceder al Monte do Gozo y la decepción, sobre todo para los fans que sufrieron para ser los primeros, no lograron empañar el espectáculo del jefe. Con una esperada "Rianxeira", después de los toques autóctonos que Bruce Springsteeen se había marcado en Bilbao o Sevilla, el jefe y su banda abrieron tres horas de concierto.
Cuarenta mil personas estaban ya entregadas desde el primer compás de Badlands. De ahí en adelante Out in the street, Hungry Heart, o Working on a Dream, la canción que da titulo a su ultimo trabajo, que sirvió de excusa para reunir a sus seguidores en torno a sus clásicos. El jefe lideró una banda de lujo para ofrecer un directo redondo que hizo olvidar las esperas y el precio de la entrada. Algunos llegaron con retraso al concierto por las dificultades para acceder al recinto. Una vez dentro el rock sirvió de bálsamo.