El concierto "Paz sin Fronteras" que Juanes y otros catorce artistas dieron
en La Habana superó todas las expectativas y atrajo, según los organizadores, a
1.150.000 personas que vivieron una tarde de música inaudita en esta
capital.
Como ya habían anunciado, los artistas que pasaron por el escenario
evitaron alusiones políticas y mucho menos críticas al gobierno de la isla -como
les habían pedido sectores del exilio cubano-, y centraron sus mensajes en
promover una cultura de paz.
"No puedo creer lo que mis ojos están viendo, es
el sueño más hermoso de paz y amor que he podido experimentar después de mis
hijos", dijo Juanes al salir al escenario y entonar su archiconocido "A Dios le
pido".
El colombiano repitió hasta la saciedad la palabra "paz", y al final
del espectáculo quiso dejar claro que traía también un mensaje de reconciliación
entre cubanos de dentro y fuera de la isla, al corear "Arriba La Habana, arriba
Cuba, arriba Estados Unidos, Miami, Nueva York y Washington".
La merenguera
boricua Olga Tañón puso el factor humano de la política, al dedicar una canción
a una joven llamada Niurka, presente en el concierto y a la que mandó un beso
"de parte de tu papá", que así se lo pidió en la misma puerta del aeropuerto de
Miami, donde está exiliado.
El público habanero, en gran parte ajeno a toda
la polémica despertada por el concierto fuera de la isla, sencillamente disfrutó
de una tarde inolvidable en una isla que queda sistemáticamente fuera de las
agendas de las grandes estrellas internacionales.
El concierto empezó
puntualmente a las dos de la tarde (18.00 GMT) y duró más de cinco horas, para
terminar al filo del crepúsculo, y la mayoría de asistentes, muchos llegados
desde el mediodía, soportaron estoicos el inclemente sol habanero que dio un
respiro para esconderse entre las nubes en el final del recital.
El goteo de
camilleros con personas desmayadas y deshidratadas fue constante antes de
empezar el concierto, pero los habaneros y los miles de cubanos llegados de
otras partes de la isla, en su mayoría adolescentes y jóvenes, olvidaron el
sofoco con la aparición de Olga Tañón, que "metió candela" al respetable.
El
espectáculo tuvo sus altibajos, ya que el público vibró con Tañón, y más tarde
con los Orishas -ausentes de Cuba desde hace diez años-, Juanes y los Van Van,
pero otras intervenciones, como la de Víctor Manuel, Luis Eduardo Aute, Danny
Rivera y Juan Fernando Velasco, cortaron el ambiente de euforia.
Uno de los
escollos que se presentó en las horas previas al concierto fueron las vallas que
las autoridades pusieron para separar a unos invitados con pases especiales, que
estarían delante, del resto del público, algo que molestó a Juanes, según dijo a
Efe su representante, Fernán Martínez.
Sea por las protestas de Juanes o por
la incontenible presión del público, finalmente todo el mundo se mezcló en una
explanada y los abundantes agentes de seguridad dispersos entre el público no
hicieron nada por impedirlo.
El concierto despertó una expectación inusitada
también entre los periodistas, y muchos medios, especialmente latinos, enviaron
a reporteros a La Habana solo para cubrir el concierto y sus
preparativos.
Los principales medios en español de Miami (Telemundo,
Univisión, América Tevé, Radio Caracol Miami y El Nuevo Herald) retransmitieron
hoy en directo el concierto y entrevistaron en la calle a numerosas personas,
que mayormente se mostraron favorables al evento pese a la opinión de los
líderes del exilio.
La cadena de televisión Univisión, la más importante en
español de Estados Unidos, se apuntó la exclusiva más importante del día al
ofrecer unas declaraciones del presidente de EE.UU., Barack Obama.
Obama
señaló que el concierto en La Habana no tiene la "bendición" de Washington
porque su gobierno "no patrocina conciertos". "Yo en sí no creo que perjudica
a las relaciones estadounidenses y cubanas este tipo de intercambios
culturales", concluyó.
En La Habana, y tras un mes de una tremenda presión
mediática, Juanes, al ver el cariño del público que coreaba su nombre y las
alabanzas de todos los que con él compartieron escenario, se despidió
visiblemente emocionado. Otros, como Olga Tañón y Miguel Bosé, sí rompieron a
llorar.
Un mar de manos seguía alzada al son de la música tras cinco horas de
calor y canciones. Juanes se marchó y los cubanos volvieron a sus quehaceres
tras haber vivido un sueño.