Más de 47.000 gallegos han cambiado de alcalde desde las últimas elecciones locales, celebradas en mayo de 2007, tras haber triunfado en sus respectivos municipios una moción de censura. A estos cinco ayuntamientos se unirá ahora el de Silleda, donde sus más de 9.100 habitantes verán en breve el desalojo del sillón de mando de la regidora socialista Paula Fernández Pena.
En comparación con el balance del anterior periodo de mandatos locales (2003-2007), el impacto de las mociones de censura en el actual está siendo menor. Las cinco mociones aprobadas en estos poco más de dos años contrastan con las ocho que habían triunfado año y medio después de los anteriores comicios municipales, que se celebraron en mayo de 2003.
De hecho, la primera moción de censura que salió adelante en Galicia tras las últimas elecciones tuvo lugar en febrero de 2008 en Santa Comba, y permitió ocupar la alcaldía al independiente Miguel Pérez, que desalojó del sillón de mando al socialista José Antonio Ucha. Esta es la única de las cinco mociones que no ha beneficiado al PP, aunque siete de sus ocho concejales en la corporación apoyaron el cambio de regidor, motivado por una división interna del grupo de independientes que apoyaba al alcalde socialista.
La situación en Santa Comba fue, sin duda, de las más surrealistas que se han vivido en la política local gallega. Y es que el PSOE gobernaba en la localidad con sólo dos de los 17 ediles.
Cuatro meses después, el regidor independiente de A Pobra de Trives, Francisco José Fernández, dejaba la alcaldía en favor del popular Luis Álvarez. En la operación fue clave el apoyo de dos concejales del PSOE, que fueron declarados tránsfugas por la comisión estatal responsable de evaluar este tipo de decisiones políticas.
MOS, LA MÁS POLÉMICA
La moción de censura más polémica de las cinco que han triunfado en Galicia hasta la fecha se debatió en el municipio pontevedrés de Mos en diciembre de 2008. La popular Nidia Arévalo accedió a la alcaldía con el voto de los ocho concejales del PP y el de un edil tránsfuga del PSOE, Gerardo Alonso. Pese a algunas contradicciones iniciales, la dirección de los populares gallegos desautorizó la operación, lo que obligó a los concejales firmantes de la moción a abandonar la formación política para evitar su expulsión del partido.
Las dos últimas mociones de censura en Galicia se aprobaron durante este año en Abegondo y en Gondomar. En ambos casos, el cambio benefició también a concejales del Partido Popular.En Abegondo, el ex conselleiro de Agricultura José Antonio Santiso Miramontes accedió a la alcaldía en abril, desalojando al independiente Juan José Rocha. Santiso Miramontes, que se apoyó en un tránsfuga socialista, denunció amenazas de muerte días después de lograr el bastón de mando.
La última moción que ha triunfado hasta la fecha en Galicia se aprobó en julio en el concello pontevedrés de Gondomar. El popular Martín Urgal es el nuevo alcalde del municipio tras recibir el apoyo de cuatro concejales tránsfugas del PSOE, que fueron expulsados del partido. Urgal fue elegido toda vez que el número uno de la lista del PP, Juan Carlos Silva, fue condenado a finales de 2008 por un delito contra la ordenación del territorio a ocho años de inhabilitación. Silva está a la espera de que se resuelva el recurso presentado ante la Audiencia Provincial de Pontevedra, de ahí que decidiese mantenerse al margen.
OTRAS OPERACIONES
A la moción de censura de Silleda —pese a contar con la oposición pública de Alberto Núñez Feijóo y de Mariano Rajoy— se unen otros tres intentos desde mayo de 2007, que no llegaron a buen puerto por diversas razones.
La situación más insólita se produjo en el municipio ourensano de Calvos de Randín. Cuatro ex ediles del PP y otro tránsfuga del PSOE presentaron en junio de 2008 una moción contra el alcalde, el socialista Aquilino Valencia. Los vecinos impidieron que se debatiese la moción en pleno. La cuestión acabó en la Justicia, que obligó en enero a repetir la polémica sesión. Mientras, las mociones tampoco prosperaron en los concellos de Moeche y O Porriño. En el primer caso, porque el alcalde renunció al cargo antes de que fuese adelante. En O Porriño, los impulsores de la operación no llegaron a un acuerdo para desbancar al regidor, el nacionalista Raúl Francés.
Pero Silleda no es el único ayuntamiento gallego que vive una situación de tensión entre gobierno y oposición. La ruptura de las coaliciones PSOE–BNG en Noia, Muxía, Fene o en Vilariño de Conso ha alimentado el fantasma de nuevas mociones. Una operación que también sonó en Portomarín (la regidora denunció un pacto BNG–PP para retirarla de la alcaldía) y en Láncara, donde PP y Tega están cerca de quitarle el sillón de mando al PSOE.