El Confidencial
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José Manuel López García

JUICIO

El fiscal pide "máxima severidad" para el "violador del chándal" por la crueldad y el agravante de reincidencia

21-10-2009 18:24:26

El fiscal pidió "máxima severidad" para Andrés Mayo, conocido como el 'violador del chándal', por la "crueldad" de los hechos que se le imputan -cuatro violaciones consumadas, cuatro en grado de tentativa, tres robos con violencia y un delito contra la integridad moral-, cometidos en A Coruña entre diciembre de 2006 y agosto de 2007. El juicio, celebrado en la Audiencia provincial, quedó visto para sentencia, tras declarar los últimos testigos y elevar sus conclusiones a definitivas tanto la defensa como la acusación.

Mientras el abogado defensor volvió a reclamar la absolución en base a que "no existe ninguna prueba plena en contra" del procesado, el ministerio fiscal demandó que se aplique "más severidad que la ordinaria" y recordó que Andrés Mayo fue ya condenado en los años 90 por once violaciones ocurridas en Asturias y León. "Once, más ocho ahora, son 19 violaciones consumadas o intentadas", remarcó. Por eso, presentó una modificación para pedir que la sentencia se refiera a la totalidad de las penas y no a la pena máxima de 30 años, para evitar así que los beneficios penitenciarios permitan que pueda repetirse la historia y sea puesto en libertad tras cumplir sólo 12 años de su condena.

Por otro lado, añadió también la solicitud de dos años de prisión -a sumar a los 127 que ya reclamaba- por un delito contra la integridad moral que se sanciona de forma independiente, por los insultos racistas y patadas propinadas a una de las víctimas, cuando se encontraba tendida en el suelo y recién violada, todavía desnuda. "No puede quedar como una simple falta de lesiones, porque hay más, aumenta el sentimiento de humillación y vejación", argumentó el fiscal.

Pidió, además, que se tenga en cuenta "el ánimo de llegar hasta el final" en las cuatro tentativas de violación, ya que no existen, a su juicio, "dudas de que hubiese seguido si no hubiese sido interrumpido", en algunos casos por la aparición de vecinos y otros por ruidos que incitaron la huida.

EL RECONOCIMIENTO DE LAS VÍCTIMAS, PRUEBA FUNDAMENTAL

La acusación consideró demostrada la autoría de Andrés Mayo en las ocho agresiones y aportó como prueba fundamental el reconocimiento que las víctimas hicieron del procesado como su agresor. Frente a la petición de la defensa de que sea impugnada la rueda de presos, el fiscal defendió la "verosimilitud" y "fiabilidad" del testimonio de las ocho jóvenes, así como su "persistencia en la incriminación" a lo largo de los meses, en los que a pesar de haber acudido en repetidas ocasiones a comisaría a ver fotografías "no identificaron a otro".

Jorge Vázquez, representante legal de Mayo, impugnó el reconocimiento de las víctimas en base a que todas declararon en un primer momento no haber visto bien a su agresor o haberlo visto de perfil, siempre a oscuras o con poca iluminación. Cuestiona que en la rueda de presos se mostraron en muchos casos dubitativas al identificar a Andrés Mayo, aunque durante el juicio intentaron "subsanar" su testimonio original afirmando que lo reconocieron "con total seguridad".

Los letrados de la acusación justificaron esas primeras manifestaciones dudosas en la situación de estrés postraumático que los psicólogos acreditaron han sufrido o padecen todavía todas las víctimas.

PRUEBA DE ADN Y HUELLA DACTILAR

La acusación vincula al procesado con todas las agresiones, que se desarrollaron bajo el mismo modus operandi o modo de proceder: mujeres muy jóvenes, en fin de semana, en el portal de su casa -salvo en uno de los casos-, atacadas por detrás. Todas describen unas manos grandes y una misma complexión física.

Las otras pruebas aportadas, una huella dactilar del acusado recogida en el tirador de un portal donde sucedió una agresión y una muestra de ADN obtenida a través de un lavado vaginal de otra de las víctimas, son consideradas por la acusación determinantes, y cuestionadas por la defensa.

A través del análisis del lavado, se encontraron restos de saliva que, comparados con los de Andrés Mayo, son coincidentes con los arquetipos de su ADN. Sin embargo, los expertos testificaron que un 2% de la población coincidiría al azar con ese mismo perfil, por lo que la defensa argumentó que el informe biológico "no es rotundo".

Respecto a la huella dactilar, recogida en un portal en el que el acusado negó haber estado, el perito testificó que "existe una perfecta correspondencia" con la de Andrés Mayo, pero la defensa cuestiona que no fue hasta más de dos meses después de que se encontrase que se produjo el positivo.

LA DEFENSA CUESTIONA LA LABOR POLICIAL

"La labor policial es curiosa y llena de contradicciones", alegó el abogado defensor, que sostuvo que "no se han tenido en cuenta las garantías de Andrés Mayo desde el principio" del procedimiento. Aseguró que se ha "vulnerado" la tutela judicial efectiva y que se ha sustituido la presunción de inocencia por la de culpabilidad, en base a sus antecedentes. El acusado, por su parte, volvió a declararse inocente y pidió a la justicia que "no mire para otro lado".





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