La empresa J.J. Chicolino vuelve a la actividad un mes después del fatídico incendio que arrasó sus instalaciones en Boiro. Con el susto en el cuerpo y la tristeza de ver treinta años de trabajo convertidos en ceniza, la compañía retoma esta semana la producción en las secciones de fabricación de cajas de madera y de redes de algodón para el mejillón.
En dos semanas empezará a funcionar también la distribución de cuerdas para las bateas, tras treinta días de paralización de la actividad. Será en la única nave que lograron salvar de las llamas el pasado 24 de septiembre, un recinto de lona inflable situado a pie de la Autovía do Barbanza, en el lugar de Vilariño. Hasta esta planta llegan los primeros camiones de material y la maquinaria de segunda mano con la que iniciarán el trabajo, un ritmo que que se contrapone al vacío de las naves de Chicolino e Egalsa, calcinadas por completo y donde el olor a quemado aún persiste.
La puesta en marcha de la producción permitirá incorporar al trabajo, de forma progresiva, a los 34 empleados que se vieron afectados por un expediente de regulación de empleo presentado por la compañía a raíz del incendio. "O futuro dos empregados está garantizado", asegura el propietario de la empresa, Juan José Fajardo. Los otros 56 puestos corresponden a personal de dirección y administración, así como a empleados que abandonaron temporalmente sus tareas con las redes para realizar labores de vigilancia en las instalaciones quemadas.
Tan solo un día después de que las llamas acabarán con todo, la gerencia de la firma se trasladó a otra de sus naves, Rotegal, ubicada en el polígono industrial de Boiro.
Desde allí impulsaron un gabinete de crisis y dieron los primeros pasos para levantar de cero un negocio que consolidaron con mucho esfuerzo. Hoy ultiman los planos para recontruir los recintos calcinados, unas obras que comenzarán en enero de 2010 y que prevén finalizar seis meses después, en julio del próximo año. Entonces se trasladarán a la nueva infraestructura, donde cotemplan habilitar nuevos servicios de producción. "Temos novos proxectos en mente para facer cousas diferentes", comentó Fajardo declinando facilitar más información para "non dar pistas" a la competencia.
El objetivo es ahora recuperar "rápido" el ritmo de trabajo, aprovechando al máximo el apoyo comprometido por la Xunta de Galicia a través de una inversión a fondo perdido y de avales. Con todo, desde la dirección son conscientes de que la última palabra la tienen los bancos, con los que están cerrando acuerdos en una época de dificultad económica. El mensaje que Juan José Fajardo ha querido lanzar a sus clientes es de "tranquilidad" ante la inminente llegada de la campaña pesquera de Navidad. "Traballaremos 24 horas o día e toda a semana", aseveró el empresario.
UN RECUERDO IMBORRABLE
Todo comenzó a la hora de la comida, cuando las instalaciones estaban prácticamente vacias de gente, en unas viejas mallas de pesca que procedían de los puertos de Marín y Vigo, y que la empresa almacenaba de forma gratuita hasta enviarlas al País Vasco para "facerlle un favor ó medio ambiente".
Unas 200 toneladas de este material se apilaban en columnas de unos 12 metros de altura a la espera de clientes. Casualmente, el día del incendio un amigo de Salamanca visitó a Fajardo para pedirle un trozo de la malla. Un trabajador se encargó de cortar la red con un soplete con la mala suerte de que una chispa hizo arder el resto de los "burlones" y el fuego se multiplicó.
PARTIR DE CERO
"Empecei o negocio con vinte e cinco mil pesetas en 1980 e trinta anos despois volvo comezar de cero". Juan José Fajardo ha asumido que "nunca" recuperará todo lo perdido, una cantidad que supera los ocho millones de euros. Su intención en estos momentos es generar capital para cubrir las inversiones que requiere la reconstrucción de las instalaciones. "Sentin impotencia, decepción e medo polo futuro", reconoce.
Poco después de declararse el fuego, Fajardo abandonó la nave de J.J. Chocolino y no regresó hasta el domingo. Así, solo le llegó información de la televisión y de su familia, que le describía imágenes propias de un bombardeo, "de una auténtica guerra".
"Se puidera volver atrás non mandaría cortar o anaco de malla", reconoce el empresario de Boiro, pero "son cousas que pasan". Fajardo explica que el joven que manipuló el soplete "non facía máis que chorar" y decir "Juan, arruineite". A pesar de todo, Fajardo siempre trató de tranquilizarlo.
INICIOS EN LA PROFESIÓN
El fuerte temporal que azotó la comunidad en 1980, cuando los cajones de las bateas eran de madera y cemento, disparó la demanda de cuerdas para estes sistemas de pesca. Su principal punto de fabricación se encontraba en la localidad pontevedresa de Moaña, que no podía responder a toda la demanda existente.
Consciente de esta oportunidad, Fajardo decidió emprender un proyecto empresarial en el sector, iniciando su trabajo en el sótano de la casa de su padre, en la aldea boirense de Egipto. Siete años más tarde se trasladaron a Vilariño, donde en 1991 construyeron la nave de Egalsa y en 2001 la de Chicolino. En este mismo lugar abordan ahora la recuperación de unas instalaciones con las que se han ganado la vida durante años y que ahora volverán a levantar.