El Confidencial
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José Manuel López García

Música clásica, campanas, más de 500 sacerdotes y gritos de viva el Papa

06-11-2010 17:30:24

La música ha tenido especial relevancia en la misa que el Papa, junto con más de 500 curas, ha concelebrado hoy en la plaza del Obradoiro de Santiago, en la que se interpretaron, entre otras, piezas de Mozart, uno de los creadores favoritos del Pontífice, que fue recibido en el Obradoiro con vivas y con el tañido de campanas.

"Se nota, se siente, el Papa está presente", "Esta es la juventud del papa" o "Viva el papa, oé, oé, oé", gritaron antes de que el Benedicto XVI entrase en el Obradoiro los asistentes a la celebración, para la que se colocaron un total de 7.000 sillas, seis mil de ellas destinadas a los fieles llegaron primero y el resto, a invitados.

Otra ovación previa a la misa fue la que recibieron los Príncipes de Asturias, que asistieron a la liturgia en el altar, al salir del Hostal de los Reyes Católicos.

"Benedicto, Benedicto" o "Viva el Papa", corearon los fieles al salir el papamóvil del Palacio Arzobispal y adentrarse en la plaza, donde el Pontífice saludó a los presentes, muchos de los cuales le hicieron fotos con sus móviles, y a quienes al comenzar la ceremonia se pidió que no se interrumpiera con aplausos, pese a lo cual Joseph Ratzinguer recibió una ovación cuando terminó su homilía.

Asistieron al acto religioso, entre otras autoridades, el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo; el ministro de Fomento, José Blanco; el embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez; el alcalde de Santiago, Xosé Antonio Sánchez Bugallo, y el presidente del PP, Mariano Rajoy, y la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal.

A la celebración, de unas dos horas de duración, acudieron entre 500 y 600 sacerdotes; cerca de un centenar de obispos, entre ellos el anfitrión, Julián Barrio; once cardenales, y se prepararon para impartir 7.000 formas que repartieron 150 curas por toda la plaza a través de pasillos habilitados por la organización, que portaban paraguas rojos para ser identificados por los fieles.

Según fuentes del Arzobispado compostelano, el Pontífice empleó en la misa el cáliz del arzobispo Múrquiez, de oro y diamantes, de 1818, y un copón de oro, perlas, piedras preciosas y esmaltes de 1698, ambos pertenecientes al Tesoro de la catedral.

Además, en la misa fueron empleados cien copones elaborados por tradicionales alfareros de Buño (A Coruña), en barro vitrificado.

La misa oficiada por Benedicto XVI, que se expresó en gallego en la introducción y al final de su discurso, tuvo como escenario un altar creado por el arquitecto gallego Iago Seara, en la esquina noroeste de la plaza del Obradoiro, pegada al edificio del Ayuntamiento, ante el pazo de Fonseca y frente al Hostal de los Reyes Católicos.

Otro gallego, el escultor Manolo Paz, fue el encargado de elaborar una gran cruz con dos tablas de granito negro que pesa dos toneladas, mientras en el altar figuró una virgen del Carmen del tercer cuarto del siglo XIX.

En el escenario también se leía "Peregrino de la fe", el lema del viaje del papa a Santiago este año Xacobeo, en que han peregrinado, hasta octubre, un total de 257.986 personas, cuando en el anterior año jubilar de 2004 fueron 179.000.

En la liturgia tuvo especial relevancia la música, de la que se encargó el director compostelano Maximino Zumalave, que formó parte de la escolanía de la catedral. Este coro, el catedralicio y la Real Filharmonía de Galicia interpretaron obras de Haendel, Mozart y Bach, y se estrenó la pieza "Peregriño de fe", de José Durán.

Además, al final de la misa, los cadetes de la Escuela Naval de Marín interpretaron la Salve Marinera.

Junto a las siete mil personas que presenciaron la misa, los organizadores, entre ellos mil voluntarios, instalaron en toda la ciudad un total de 10 pantallas gigantes para poder ver la celebración en directo.

Quienes quisieron ver al Papa en el Obradoiro tuvieron que esperar horas, ya que la plaza se abrió a los fieles a las ocho de la mañana, y aproximadamente a las diez ya se habían ocupado las sillas. Conocedores de esta situación, los organizadores del viaje papal colocaron en la plaza máquinas expendedoras de bocadillos y de refrescos.





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