Tres párrocos lucenses recibieron esta mañana los primeros títulos de Prelado de Honor de su Santidad en la Diócesis de Lugo, en reconocimiento a los méritos acumulados durante más de medio siglo de ministerio sacerdotal. Este nombramiento, además de reconocer su trabajo en la comunidad cristiana, implica desde el punto de vista formal la posibilidad de utilizar sotana con abotonadura roja y fajín del mismo color –similar al que utilizan los obispos- y el tratamiento de “Monseñor”.
Con el salón de actos del Seminario Diocesano totalmente abarrotado de familiares y amigos, recibieron esta distinción de manos del obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, los párrocos Indalecio Gómez Varela –responsable de la parroquia de San Pedro-, de 82 años de edad y 58 de ministerio sacerdotal; Daniel Rodríguez –que se ocupa de las parroquias de Santa Catalina de Anseán, San Cosme y Santa María Magdalena de Manán y Santa María Magdalena de Sabarei-, de 79 años de edad y 54 de servicio a la Iglesia, y Manuel Silva Salgado –encargado de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en Lalín (Pontevedra)-, con 77 años de edad y 55 como cura.
El obispo de Lugo explicó que esta distinción es “un reconocimiento del Papa, Benedicto XVI, a los valores y los méritos en el ejercicio de su ministerio por parte de los sacerdotes”. Por eso, añadió, “en algunas diócesis se les otorga a determinadas personas este título de Prelado de Honor de su Santidad, que en realidad es un título honorífico destinado a valorar méritos personales en el ejercicio de ese ministerio” sacerdotal.
En todo caso, Carrasco Rouco recordó que la concesión de esos títulos es “habitual, relativamente”, porque actualmente en la Diócesis de Lugo estos tres párrocos son los únicos que ostentan esa distinción. “Sucede, en todas las diócesis puede suceder, pero no es una cosa de todos los días”.
“Si hiciésemos una comparación, sería como si el Rey entregase una medalla determinada por méritos adquiridos a favor de la sociedad, y eso no sucede con frecuencia”, precisó. De hecho, destacó que los tres párrocos distinguidos con este título honorífico representan “a unas generaciones de sacerdotes muy buenas, que reciben un reconocimiento muy merecido”.
Por su parte, uno de los párrocos homenajeados, Daniel Rodríguez, reconocía en declaraciones a AGN que recibir esta distinción supone para él un “honor” al final de su ministerio sacerdotal. “Corona mi vida, dedicada al sacerdocio, en la que he sido muy feliz, y ahora lo recibo con gratitud”.
“Esos años de ministerio me han dado muchas gratificaciones, siempre le doy gracias al Señor por haberme llamado a ser sacerdote”, reconocía Daniel Rodríguez, quien recuerda con especial cariño su primera parroquia “en la aldea”, las clases que impartía en el instituto y los 33 años que estuvo como formador en el Seminario Diocesano. “Muchos de los sacerdotes que andan por ahí sueltos fueron alumnos míos”, destaca.