La crisis está obligando a muchos gallegos a renunciar a todo tipo de gastos, sobre todo aquellos que son prescindibles. Pero en esta política de ajustarse el cinturón no tienen cabida las autopistas de peaje que existen en Galicia. Las distintas vías de pago -juntas suman casi 300 kilómetros- siguen contando con el mismo número de usuarios porque el movimientos de vehículos apenas se ha reducido. En algunos casos, incluso es mayor que el de ejercicios precedentes.
Los datos en poder del Ministerio de Fomento revelan que el tráfico en las vías gallegas de peaje no se ha resentido en lo que va de 2010. El mejor ejemplo está en la Autopista del Atlántico, la AP-9, una de las más rentables de España y que ha incrementado el número de usuarios en los últimos meses al calor de Xacobeo. También han aumentado de forma considerable los viajes en la AP-53, la autopista que une Santiago y Dozón y que conecta directamente con la autovía gratuita Dozón-Ourense.
En el caso de la AP-9, la empresa concesionaria (Audasa) relaciona esta subida del tráfico con el Xacobeo y la llegada de turistas y visitantes a la capital gallega. Un movimiento "influido por la celebración del Año Santo en Santiago de Compostela", reconoce la compañía en su último informe de resultados. Esta circunstancia también ha ayudado a elevar el tráfico de la AP-53, pese a ser una de las más caras de la red estatal.
Según Fomento, la Autopista del Atlántico comenzó el año empeorando sus cifras con respecto a años anteriores. En enero se redujo un 0,5% el tráfico respecto al mismo mes de 2009, y en febrero un 3,5%. Pero la tendencia cambió a partir de marzo, coincidiendo con el incremento de turistas con destino a Santiago. A partir de entonces, la autopista que enlaza Ferrol y la frontera portuguesa superó cada mes la media de 26.000 vehículos al día. Y en agosto alcanzó la cifra de 31.488, la segunda más alta de toda la historia de esta infraestructura, sólo superada en agosto de 2007. Son unos indicadores que demuestran la relevancia estratégica de la autopista que une cinco de las siete principales urbes gallegas.
La crisis tampoco afecta a la AP-53. La vía de 56,6 kilómetros que enlaza Santiago y Dozón está registrando importantes incrementos de tráfico --tanto de vehículos ligeros como de camiones-- desde que entró en servicio la AG-53, la autovía gratuita que sirve de prolongación hasta Ourense. Las cifras de usuarios todavía son muy modestas, apenas 7.300 vehículos al día en agosto, cuatro veces menos que la AP-9. Pero los tráficos en la denominada ‘autopista central’ están creciendo de manera notable gracias al efecto de la AG-53, como sucedió en marzo (aumentó un 11,7%) o abril (10,6%).
Las estadísticas indican que la situación económica no se está notando en las dos autopistas de titularidad estatal. No obstante, algo similar sucede en las vías de pago de la Xunta, tanto la autopista A Coruña-Carballo (AG-55) como la de Val Miñor (AG-57). Ambas tampoco notan el bache económico y la previsión es que se incremente su número de usuarios gracias a la nueva política de descuentos aplicada por la Xunta, que también quiere llevar a cabo en la AP–53 cuando se concrete su traspaso del Estado a la Administración gallega, todavía en fase de negociación.
MÁS BENEFICIOS
Las cifras de negocio de la concesionaria de la AP-9 también demuestran que el impacto de la crisis sobre las autopistas de peaje está siendo ínfimo en comparación con otros sectores. Audasa recaudó en concepto de peaje 73,1 millones de euros en el primer semestre del año, frente a los 74 ingresados en el mismo periodo de 2009. Una ligera caída propiciada por el estancamiento del tráfico y por la revisión a la baja de las tarifas marcada por el Gobierno.
Pero la empresa responsable de la concesión de la AP-9 sigue teniendo en sus manos un negocio muy rentable. Los beneficios entre enero y junio se situaron en casi 40 millones de euros. Y Audasa también ha apostado por medidas que permiten reducir gastos, como la aplicación del telepeaje. Menos de la mitad de los pagos se realizan en cabina. Y esto ha permitido ir reduciendo progresivamente la nómina de personal. La compañía con sede en A Coruña contaba con 316 trabajadores en 2005, una cifra que ahora se sitúa en 261 empleados, 55 menos.
EL GASTO EN MANTENIMIENTO, SIN CAMBIOS
A principios de mes, la Autopista del Atlántico volvió a convertirse en una ratonera por culpa del hielo y la nieve. La AP-9, la principal arteria de Galicia, permaneció cortada durante más de dos horas. El Ministerio de Fomento ha prometido investigar lo ocurrido, ya que no es la primera ocasión en que se produce un hecho similar en la autopista. En diciembre de 2008 también se colapsó por el hielo, aunque la Justicia acabó exculpando a Audasa. En todo caso, la concesionaria sitúa en 13,4 millones de euros los gastos de explotación en el primer semestre del año, apenas un 0,1% más que en el mismo periodo de 2009.
El ‘éxito’ de las autopistas gallegas se basa en la ausencia de una verdadera alternativa. El caso más evidente es el de la AP-9, puesto que la N-550 se encuentra totalmente saturada de tráfico.
La concesión de la Autopista del Atlántico concluye en agosto de 2048. Más adelante, en 2074, acaba la de la AP-53.