La crisis está provocando que algunas gallegas vuelvan a ejercer la prostitución, aunque más del 80% siguen siendo emigrantes
La Xunta destinará este año 341.000 euros a atender a las víctimas de trata
La crisis está provocando que algunas gallegas estén volviendo a ejercer la prostitución, aunque más del 80% de estas mujeres siguen siendo emigrantes. Además, la mayor parte no lo practican de forma voluntaria, sino que son víctimas de redes de trata y explotación, cuyo aumento también favorece la recesión. Así lo aseguró en Santiago la secretaria xeral de Igualdade, Marta González, aunque matizó que se trata de un fenómeno dificilmente cuantificable.
Su departamento y la Secretaría Xeral de Emigración firmaron hoy un convenio con diferentes ONG -Cruz Roja, Cáritas Diocesana de Santiago y de Ourense, Relixiosas Oblatas de Ferrol, Adoratrices de Ourense, Asociación Comisión Catolica Española de Migración, Médicos del Mundo, Ecos do Sur y Faraxa-, por el que destinarán 341.000 euros a un programa de asistencia para estas mujeres.
Con este acuerdo, se da continuidad a un programa iniciado en 2010 y gracias al cual se prestan diferentes servicios a estas víctimas, como acogida, atención psicológica, formación laboral, atencion sociosanitaria o integración social. Además de la Xunta y de estas ONG, también están implicadas en la iniciativa la Fiscalía Superior de Galicia y las fuerzas y cuerpos de seguridad.
Durante el 2010, fueron atendidas al amparo de este programa un total de 3.645 mujeres en toda Galicia, aunque se calcula que podría haber el doble de afectadas. Por provincias, se ayudó a 1.750 en la provincia de Pontevedra, a 993 en Ourense, 673 en A Coruña y 229 en Lugo.
PERFIL DE LAS VÍCTIMAS DE TRATA EN GALICIA
Según el último informe de la ponencia sobre la prostitución en España, se calcula que unas 400.000 mujeres ejercen esta práctica en el país; un negocio que mueve unos 18.000 millones de euros anuales en España, tal y como reconoce la Asociación de Propietarios de Club de Alterne.
En Galicia, los datos de los que dispone la Fiscalía Superior indican que el número de mujeres identificadas entre 2005 y 2008 por las fuerzas de seguridad como víctimas de trata con fines de explotación sexual fue de 234.
La mayoría de estas mujeres llegan a Galicia a través de Madrid o Portugal. Un importante porcentaje procede de Brasil, seguido de diversos países de Europa del Este -principalmente Rumanía- y Nigeria. En cuanto a la edad, la mayor parte tiene entre 20 y 35 años, aunque con relativa frecuencia se puede identificar también a menores. Tambien es significativa la presencia de transexuales.
Asimismo, muchas de estas mujeres tienen cargas familiares en su país de origen, situación de la que acostumbran a aprovecharse los tratantes. En muchos casos, llegan a Galicia engañadas sobre el trabajo que van a desempeñar o sobre las condiciones en las que lo harán.
Las encargadas de este tráfico de seres humanos son redes criminales organizadas, con vínculos con otros sectores criminales y que someten a las mujeres a un estricto control. La forma de captarlas puede variar considerablemente y después utilizan diversas técnicas para mantenerlas esclavizadas: deudas económicas, aislamiento, confiscación de pasaportes o visados, violencia fícica y psicológica, abusos sexuales, coacciones ligadas a sus familias o control de su dinero, entre otras.
UN PROBLEMA QUE INCUMBE A TODA LA SOCIEDAD
Por ello, la secretaría xeral de Igualdade destacó la importancia de "sensibilizar á sociedade no seu conxunto e especialmente aos máis novos" sobre este problema, ya que "moitos veno como un fenómeno desgraciado, pero inevitable". "Pódese solventar", subrayó González; "está nas nosas mans".
La presidenta de Médicos del Mundo en Galicia, Nieves Turienzo, recalcó que la prostitución es el "maltrato más viejo del mundo". Así, abogó por trabajar la autoestima de las víctimas, ya que muchas no se consideran como tal. El director de programas de Cáritas en Ourense, Ignacio Bedoya, señaló que se trata de un colectivo "tremendamente invisible", por lo que necesita de un trabajo "constante y permanente". "Hay que visibilizarlo y hacer a la sociedad cómplice del problema", insistió; "desmontar este gran negocio".