El pluralismo crítico es lo contrario del pensamiento único. Es natural y lógico que coexistan muy diversas ideas y no se debe imponer una visión única de la realidad, a todos los niveles. Las discrepancias, las interpretaciones y los planteamientos pueden ser diferentes. La diversidad en todos los sentidos es positiva, ya que es lo característico de una sociedad plural y multicultural. La censura y la persecución ideológica están a la orden del día, en los países que padecen gobiernos tiránicos o dictatoriales. La libertad de expresión es el fundamento de la política y la manifestación de uno de los derechos individuales. Ser tolerante significa, entre otras cosas, aceptar la incomodidad del disenso y evitar la tentación del dogmatismo. Se nota en la sociedad actual, desde hace cierto tiempo, que la denominada cultura de la cancelación busca o pretende silenciar opiniones divergentes, en relación con los planteamientos mayoritarios especialmente en el ámbito político y ético. Se considera ofensivo o raro y extravagante lo que se dice si no está en consonancia con lo que expresa, la supuesta mayor parte de la población. Pero, la razón, el buen juicio y las argumentaciones coherentes no dependen de mayorías o minorías, como es evidente.
En lo relativo a la tolerancia es indudable, que existen unos límites que están basados en el respeto a las personas y a las normas éticas y leyes. La solución no es la una tolerancia absoluta, que permita cualquier conducta o expresión ni la afirmación de un pensamiento único, que dependa de las opiniones de la mayor parte de la sociedad. Además, las redes sociales están favoreciendo los algoritmos de pensamiento único. Por ejemplo, se crean burbujas de filtro, donde solo se exponen ideas afines. Lo que supone el reforzamiento de discursos o narrativas dominantes marginando los planteamientos minoritarios, aunque sean muy profundos, racionales y coherentes. El número de personas que piensen de una determinada manera no implica que tengan razón, ya que depende de análisis de lo que expresan, desde una perspectiva racional y bien argumentada. Las falsas ideas, prejuicios y sesgos cognitivos abundan en la sociedad actual y esto es un hecho indiscutible, ya que es evidente. La desinformación y los bulos de todo tipo, así como las tergiversaciones y las manipulaciones del lenguaje son algo frecuente y habitual. EL filósofo Karl Popper respondió a esta problemática causada, por el problema de los límites de la libertad expresiva con su famosa paradoja de la tolerancia. El límite a la tolerancia está en que no se puede eliminar la diversidad de ideas, ideologías y opiniones. También es cierto que existen conductas que no pueden ser permitidas, ya que no respetan los Derechos Humanos.
Las democracias promueven el pluralismo y el pensamiento crítico, pero también pueden caer en dinámicas de pensamiento único o unidimensional. Por ejemplo, se censuran determinadas ideas en nombre de supuestos valores progresistas, lo que concuerda con la corrección política extrema, algo que sucede en algunas formaciones políticas. En cuanto al populismo ideológico es otra forma de intolerancia ya que se presentan ciertas ideas, como las únicas legítimas, excluyendo a quienes no se adhieren a ellas.
Además, el autoritarismo se basa en el pensamiento único o en la intolerancia que viene a ser lo mismo. De hecho, en los totalitarismos de los siglos XX y XXI, tanto el fascismo como el comunismo han impuesto una visión única de la historia, la moral y la sociedad, con todas las terribles consecuencias que se han derivado de la misma.
Incluso Orwell en su novela 1984 muestra o describe cómo el control del lenguaje se puede utilizar para restringir el pensamiento y eliminar la posibilidad de cuestionar el poder.
Actualmente, también se percibe en determinados ambientes que parece que todo tiene que ser relativo y caótico, para que todo sea beneficioso para las personas. En definitiva, en una parte de la sociedad todo puede ser justificado, incluso lo más absurdo e irracional siempre que proporcione ventajas. Parece que todo vale.
La expresión pensamiento único fue popularizada por Revel en los años noventa del siglo XX, para referirse a la hegemonía ideológica en discursos políticos y mediáticos. Desde esta perspectiva unidimensional de la capacidad reflexiva se cancela el disenso y argumentación y el diálogo crítico. Además, las ideas divergentes son silenciadas o ridiculizadas. Cualquier discrepancia supone la creación de un enemigo ideológico. Si bien ante todo somos personas, con derecho a pensar libremente. No se debe monopolizar el discurso y no existe una única visión legítima de la realidad.
En el siglo XXI la deriva del cambio social está causada por el escepticismo y relativismo más absolutos. La vida se vuelve cada vez más emocional y menos racional y esto causa numerosos problemas. Los sentimientos y las emociones son la esencia de la existencia, pero la racionalidad también es necesaria. Lo que se observa es que, cada vez en mayor medida, una parte de la gente se cree con derecho a todo y no puede ser. El esfuerzo, la perseverancia y la tenacidad son claves y la vida no regala nada. Ver video
José Manuel López García